Esfera 6 "La Armonía" o
"La Belleza" (Tiphareth)
La enseñanza escrita más actualizada sobre este tema es la de Dion
Fortune, escrita por 1940. Hay mucho que actualizar y aplicar en
esta época. Estamos en esa labor. Mientras lo escribimos, aquí está
el capítulo correspondiente de su libro "La Cábala Mística"
Serval
TIPHARETH, EL SEXTO SEPHIRAH
TÍTULO: Tiphareth, la Belleza, la
Armonía. (Hebreo: Tau, Pe, Aleph, Resh, Tau).
IMAGEN MÁGICA: Un Rey majestuoso. Un niño. Un dios sacrificado.
POSICIÓN EN EL ÁRBOL: En el centro del Pilar del Equilibrio.
TEXTO YETSIRÁTICO: El Sexto Sendero es llamado "La Inteligencia Mediadora"
porque en ella están multiplicadas las influencias de las emanaciones y
hace que esas influencias se expandan en los canales de todas las
bendiciones, a los cuales ellas están unidas por esencia.
TÍTULOS DADOS A TIPHARETH: Zoar, Anpin, el Rostro Menor. Melekh, el Rey.
Adam, el Hijo. El Hombre.
NOMBRE DIVINO: El Tetragramma. Aloath Va Daath.
ARCÁNGEL: Raphael.
ORDEN ANGÉLICO: Malachim, Reyes.
CHAKRA MUNDANO: Shemesh, el Sol.
EXPERIENCIA ESPIRITUAL: Visión de la armonía de las cosas. Misterios de la
Crucifixión
VIRTUD: Consagración a la Gran Obra.
VICIO: Orgullo.
CORRESPONDENCIA EN EL MICROCOSMOS: El pecho.
SÍMBOLOS: El Lamen. La Rosa Cruz. La Cruz del Calvario.
La Pirámide
truncada. El cubo.
CARTAS DEL TAROT: Los seis.
Seis de Bastos: Victoria.
Seis de Copas: Alegría
Seis de Espadas: Éxito merecido
Seis de Oros: Éxito material.
COLOR EN ATZILUTH: Rosa claro.
BRIAH: Amarillo
YETZIRAH: Rosa salmón.
ASSIAH: Oro ambarino.
I
Hay tres claves importantes que corresponden a la naturaleza de
Tiphareth. Primero es el Centro del Equilibrio del Árbol por su posición
en el medio del Pilar Central. En segundo lugar, es Kether sobre un arco
inferior, y Yesod sobre un arco superior. Tercero, es el punto de
transmutación entre los planos de la fuerza y los de la forma. los títulos
que se le dan en la nomenclatura cabalística, confirman esto. Desde el
punto de vista de Kether, es un niño; desde el punto de vista de Malkuth,
un Rey, y desde el de la transmutación de las fuerzas, es un dios que se
sacrifica.
Visto en término de Macrocosmos, es decir, visto desde Kether,
Tiphareth es el punto de equilibrio entre Kjesed y Gueburah; en términos
de Macrocosmos, o sea de la psicología trascendental, es el punto donde se
encuentran los tipos de conciencia característicos de Kether y de Yesod.
Hod y Netzach encuentran igualmente su síntesis en Tiphareth
Los Seis Sephiroth, cuyo centro lo constituye Tiphareth, a veces son
llamados Adam Kadmon, el Hombre Arquetípico. En efecto, Thiphareth no
puede ser comprendido sino como punto central de los otros seis, donde
gobierna como un rey en su reinado. Para todo fin práctico, estas seis
Esferas son las que constituyen el reino arquetípico que se extiende tras
el reino de las formas concretadas en Malkuth, el cual domina y determina
totalmente la pasividad de la materia.
Considerando la relación de un Sephirah con sus vecinos, a fin de
poderlo interpretar con la ayuda de su posición en el Árbol, no es posible
proceder a una exposición sistemática y ordenada del sistema cabalístico,
porque debemos comenzar necesariamente por explicaciones preliminares, si
queremos ser claros. Por tanto, nos es necesario expresar brevemente la
naturaleza de los tres Sephiroth inferiores agrupados por debajo de
Tiphareth, a saber: Netzach, Hod y Yesod.
Netzach está en relación con las fuerzas de la Naturaleza y con el
contacto de los elementos. Hod, con la magia ceremonial y el saber oculto.
Yesod, con el psiquismo y el doble etérico. Tiphareth, por su parte,
asistido por Quedulah y Gueburah, representa la clarividencia o el
psiquismo más elevado del individuo. Cada Sephirah, por supuesto, tiene
sus aspectos objetivos y subjetivos, su factor en psicología y su plan en
el universo.
Los cuatro Sephiroth que se hallan debajo de Tiphareth (Netzach, Hod,
Yesod, Malkuth) representan la personalidad o el yo inferior; los cuatro
Sephiroth que están colocados sobre este Sexto Sephirah (Gueburah, Kjesed,
Kjokmah, Binah) representan la individualidad o Yo Superior, siendo Kether
la Chispa Divina, el punto central mismo de la manifestación.
De consiguiente, Thiphareth no debe ser examinado jamás como factor
aislado, sino como lazo de unión, como centro de transmisión o
transmutación. El Pilar CentraI concierne siempre a la conciencia; los dos
Pilares laterales, a los diversos modos de operación de la fuerza sobre
todos los diferentes niveles. '
En Tiphareth hallamos los conceptos arquetípicos que se cristalizan y
se convierten en ideas arquetípicas. En efecto es el punto de la
encarnación, y por esta razón es llamado el Niño. Y porque la encarnación
del divino ideal implica el sacrificio de la desencarnación, los Misterios
de la Crucifixión son asignados al Sexto Sephirah, y todos los dioses
sacrificados encuentran en él su justo lugar, cuando el Árbol es comparado
a los Panteones — Dios Padre, es asignado a Kether; Dios Hijo, a Tiphareth,
por la razón que acabamos de indicar.
La religión exotérica, ascendiendo por el Árbol, Jamás sobrepasa la
Esfera de Tiphareth. No tiene ninguna percepción adecuada de los Misterios
de la Creación, tales como son evocados por el simbolismo de Kether,
Kjokmah y Binah, ni modos de acción del Arcángel luminoso y del sombrío,
representados por Guedulah y Gueburah; menos aun percibe los Misterios de
la conciencia y de la transmutación de fuerza representados por Daath, el
Sephirah invisible, para el cual no existe un símbolo.
Dios se manifiesta en Thiphareth por la forma, y habita entre nosotros;
es decir, ÉL es percibido por la conciencia del hombre. Tiphareth, el
Hijo, nos evoca al Padre, Kether.
Para que la forma pueda estabilizarse, las fuerzas opuestas cuyo
resultado es la forma, deben llegar a su punto de equilibrio. De esta
manera, encontramos que la idea de un Mediador o de un Redentor es
inherente a este Sephirah. Cuando la Divinidad se manifiesta en la forma
ésta debe estar perfectamente equilibrada También se podría invertir
correctamente la proposición y decir: cuando las fuerzas de donde resulta
la forma están en perfecto equilibrio, la Divinidad se manifiesta en la
forma, según su tipo. Dios se manifiesta entre nosotros cuando las
condiciones se lo permiten.
Cuando se manifiesta en los planos de la forma bajo el aspecto infantil
de Tiphareth, el dios encarnado deviene hombre, y es entonces un dios
Redentor. En otros términos' habiendo obtenido la encarnación por medio de
una materia virgen (María, Marah, la Madre Superior por oposición a
Malkuth, que es la Madre Inferior). La manifestación Divina que se
desarrolla hace un perpetuo esfuerzo para conducir a un equilibrio estable
el Reino de los seis Sephiroth que forman el Centro del Árbol.
Cuando el mito de la Caída se presenta en el árbol de la Vida es
interesante hacer notar que las cabezas de la Serpiente del Abismo que se
eleva fuera del caos conciernen sólo a Tiphareth, al cual ellas no pueden
sobrepasar.
El Redentor, pues, se halla manifestado en Tiphareth. y hace un
esfuerzo incesante a fin de salvar Su Reino, reuniéndolo a los Sephiroth
Superiores que están sobre la sima causada por la Caída. sima que separa
los Inferiores de los otros, y estableciendo el equilibrio entre
diferentes fuerzas del Reino dividido en seis Esferas.
Por esta razón los dioses encarnados se sacrifican, mueren por el
pueblo, a fin de que la inmensa fuerza generada por este acto compense la
fuerza caótica del Reino y por ello se salve es decir, que renazca el
equilibrio.
Esta Esfera particular del árbol es llamada el Centro de Cristo, y es
aquí donde la religión cristiana tiene su centro. Las religiones
panteístas como la de los Egipcios y de los Griegos tienen su centro en
Yesod; las metafísicas. como la de Confucio y Buda lo tienen en Kether.
Pero como todas las religiones dignas de este nombre tienen un aspecto
esotérico o místico, y otro exotérico o panteísta, el Cristianismo, aunque
su creencia pertenezca esencialmente a Tiphareth, tiene también un aspecto
místico, proviene de Kether y un aspecto mágico—como lo muestra el
catolicismo popular—que halla su centro en Yesod. En cuanto a su aspecto
evangélico, se concentra en Tiphareth, reverenciado como el Niño y como
Dios Sacrificado. Ignora, sí, el aspecto del Rey en el centro de Su Reino,
rodeado por los cinco Sephiroth de la manifestación.
Hasta este momento hemos examinado el Árbol de la vida desde el punto
de vista del macrocosmos, considerando los diversos arquetipos de la
fuerza que, manifestándose, constituyen el Universo. Apenas hemos abordado
el punto de vista del microcosmos, que considera el aspecto psicológico de
los arquetipos como factores de conciencia. Con Tiphareth es menester
cambiar de rumbo, porque las fuerzas arquetípicas, en adelante, serán
encerradas en las formas, y no podrán ya ser estudiadas más que por sus
efectos en nuestra conciencia; en otras palabras, nuestro esfuerzo debe
pasar por la experiencia directa de los sentidos, aunque ellos no
pertenezcan exclusivamente al plano psíquico, porque funcionan en
Tiphareth y Yesod a la vez, cada una conforme a su tipo. Cuando estábamos
en los niveles superiores, teníamos el recurso de la analogía metafísica,
y razonábamos por deducción, partiendo de principios originales; pero
ahora estamos en el campo de la ciencia inductiva, debiendo someternos a
sus leyes y expresar en su propio lenguaje aquello que podamos descubrir.
Pero, al mismo tiempo, debemos mantener nuestro lazo de unión a través de
Thiphareth con los pensamientos trascendentales a los que se llega
expresando el simbolismo del Sexto Sephirah en términos de experiencia
mística. Toda experiencia mística donde la visión concluya por una luz
enceguecedora, es asignada a Tiphareth, porque la desaparición de la forma
en el irresistible aflujo de la fuerza es característica del mundo de
conciencia transitoria de este Sephirah. Las visiones que mantienen de
manera constante una forma claramente definida son características de
Yesod; y las iluminaciones sin forma alguna como las que describe Plotino,
conciernen más bien a Kether.
En Tiphareth se reúnen e interpretan las operaciones de magia natural
de Netzach, y de magia hermética de Hod. Todas estas operaciones tienen
una forma más predominante en la Esfera de Hod que en la de Netzach. Las
visiones astrales de Yesod deben también ser traducidas en términos de
metafísica, merced a las experiencias místicas de Tiphareth. Si esta
traducción no tiene lugar, la alucinación se produce, porque entonces
creemos que' los reflejos proyectados en el espejo de nuestra
subconsciencia y traducidos en ella en términos de conciencia cerebral son
cosas en sí, cuando en verdad no son más que representaciones simbólicas.
Kether es metafísico; Yesod psíquico, y Tiphareth es esencial mente
místico comprendiéndose por misticismo un estado mental en el que la
conciencia cesa de expresarse en representaciones simbólicas
subconscientes, para aprehender su objeto por medio de emociones
intuitivas.
Los diferentes títulos adicionales asignados a cada Sephirah y sus
Nombres Divinos en particular nos dan una clave importante para comprender
los misterios de la Biblia, libro cabalístico de primera clase. Según la
manera que este libro se refiera a la Deidad, sabemos a qué esfera del
Árbol debe ser asignado su modo particular de manifestación. Toda alusión
al Hijo se relaciona siempre a Tiphareth, toda alusión al Padre se vincula
a Kether y todas las que se hacen al Espíritu Santo están relacionadas a
Yesod. Aquí se hallan ocultos profundos misterios, porque el Espíritu
Santo es el aspecto de la Divinidad adorado por las logias ocultas. El
culto panteísta de las fuerzas naturales y de las operaciones sobre los
elementos se coloca bajo la invocación de Dios Padre; y el aspecto ético
regenerador de la religión, su aspecto exotérico en nuestra época se
efectúa en la invocación del Dios Hijo, en Tiphareth.
Sin embargo, el Iniciado va más allá de su época y procure reunir sus
tres modos de adoración rindiendo culto a la Divinidad como Trinidad
unitaria; compensando al hijo de la bajeza del culto panteísta hace que el
Padre trascendente sea accesible a la conciencia humana porque ”los que me
han visto vieron al Padre".
Tiphareth, no obstante no es sólo el centro del Dios Sacrificado, sino
el centro del Dios Embriagado Aquel que concede la Iluminación. Dionisio
participa de este centro, como asimismo Osiris, porque como ya lo hemos
visto el Pilar Central es el Pilar de los estados de conciencia; y la
conciencia humana, elevándose de Yesod por el Sendero de la Flecha, recibe
la Iluminación en Tiphareth, siendo la razón por la cual todos aquellos
que en los diversos Panteones dispensan la Iluminación, son asignados a
Tiphareth.
La Iluminación es la aspiración en el espíritu de un estado de
conciencia más elevado que el que resulta de la experiencia sensible; y es
por ella que, por así decir, el espíritu cambia de aire. A menos que este
nuevo modo de conciencia no esté vinculado con el pasado y se exprese en
términos de pensamiento concreto, es un simple relámpago tan brillante que
enceguece. No vemos por medio del rayo de luz que desciende a nosotros,
sino por el reflejo que proyecta sobre los objetos de tres dimensiones que
nos son conocidos. A menos que en nuestro espíritu no haya más que las
ideas que puede iluminar ese modo más elevado de conciencia, estaremos
simplemente aturdidos, y la obscuridad en nosotros es más profunda de lo
que era antes de su pasaje. En efecto, no cambiamos precisamente de aire,
sino proyectamos nuestro espíritu más allá de todo aire conocido. Es en
esto que consiste el fenómeno que se llama Iluminación. Por breve que sea
baste un relámpago para convencernos de la realidad de una existencia
hiperfísica, pero no para enseñarnos algo con respecto a ella.
La importancia del estadio de Thiphareth en la experiencia mística
consiste en el hecho de que la Encarnación del Niño se produce ahí; dicho
de otra manera, la experiencia mística engendra poco a poco un conjunto de
ideas e imágenes que se convierten en resplandecientes y visibles, cuando
la Iluminación se efectúa.
Este aspecto infantil de Tiphareth es asimismo de una gran importancia
para nosotros en el trabajo práctico de los misterios relativos a la
Iluminación. Porque debemos aceptar el hecho de que el Niño Cristo no
surge en nosotros como Minerva, armada de pies a cabeza, fuera del frente
del Padre de los Dioses; él comienza por ser algo muy débil, extendido
humildemente entre los animales, sin ni siquiera ser admitido en la sala
donde respire el común de los hombres. Los primeros rayos de la
experiencia mística deben ser forzosamente limitados, porque no hemos
tenido tiempo para formar un cuerpo de ideas y de imágenes en los cuales
esos rayos podrían resplandecer. Es necesario mucho tiempo para formar un
cuerpo semejante, produciendo su efecto cada experiencia trascendental,
efecto que organiza la meditación subsiguiente.
Frecuentemente los místicos cometen el error de creer que la Estrella
los conduce al lugar del Sermón de la Montaña y no al Establo de Belén
donde tuvo lugar el nacimiento. Es entonces cuando el Árbol de la Vida es
tan útil; permite a lo trascendental expresarse por un simbolismo y, en
seguida, a éste ser traducido en términos de metafísica; de esta manera,
une lo espiritual a lo psíquico, pasando por la inteligencia, y con un
fuego central ilumina estos tres aspectos de nuestra conciencia trina.
Es en Tiphareth donde se produce esta operación, porque en este
Sephirah son recibidas las experiencias místicas de conciencia directa que
iluminan los símbolos psíquicos.
II
El Pilar Central del Árbol de la Vida es esencialmente el Pilar de la
Conciencia, lo mismo que los Pilares laterales son los poderes activos y
pasivos. Examinándolo desde el punto de vista del microcosmos, es decir,
de la psicología y no de la cosmogonía, Kether, la Chispa Divina, en torno
al cual se organiza el ser individualizado, debe ser considerado como el
punto central mismo de la conciencia . Daath , el Sephirah invisible, se
halla también en el Pilar del medio, aunque, en verdad, pertenece a un
plan diferente al del Árbol de la Vida. Cuando, por ejemplo, examinamos a
este último microcósmicamente, Daath vendría a ser su punto de contacto
con el mocrocosmos. Es sólo con Tiphareth que alcanzamos la conciencia
netamente definida, individualizada.
Tiphareth es el punto funcional de la segunda Tríada del Árbol, cuyos
dos ángulos básicos consisten en Gueburah y Guedulah (o Kjesed). Esta
Segunda Tríada, emanada de la primera formada por los tres Sephiroth
Superiores, forma la individualidad evolutiva, o alma espiritual. Es ella
la que perdura y se repite a través de una evolución; es de ella que
emanan las personalidades sucesivas, o encarnaciones; es ella quien
almacena la esencia activa de la experiencia, al fin de cada encarnación,
cuando la unidad encarnada vuelve al polvo, al éter.
Esta segunda Tríada es la que forma el Alma Superior, el Yo Superior,
el Santo Ángel Guardián, el Primer Iniciador. Es la voz del Yo Superior
que percibe el oído interior y no la voz de los desencarnados ni de Dios,
como imaginan los que ignoran la verdadera Tradición.
Guiada por la Segunda Triada, la Tercera construye con los materiales
que le ofrece la experiencia de la encarnación, con Malkuth como vehículo
físico. La conciencia cerebral pertenece a Malkuth, y es la única de que
dispondremos mientras estemos aprisionados por su vehículos. Pero las
puertas de Malkuth no permanecen rigurosamente cerradas, y en la
actualidad son muchos los que pueden entrever la fantasmagoría del plan
astral y experimentar la conciencia psíquica de Yesod. Cuando se la logra
libremente, se abre la ruta hacia un psiquismo más elevado, la
clarividencia auténtica, que constituye la heredad de la conciencia de
Tiphareth.
De consiguiente, nuestra primera experiencia de psiquismo superior, en
general, se realiza para comenzar, en términos de psiquismo inferior,
porque recién entonces nos hemos librado apenas de Malkuth y comenzamos a
mirar hacia el Sol de Tiphareth, desde la Esfera lunar de Yesod.
Escuchamos voces en el oído interior y vemos visiones con la vista
interior, pero todas ellas difieren de la conciencia psíquica ordinaria,
en el hecho de que no son las representaciones directas de formas
astrales, sino los signos simbólicos de hechos espirituales expresados en
términos de conciencia astral. Esto es una función normal del
subconsciente, y es de capital importancia comprenderlo debidamente,
porque los equívocos a este respecto producen graves problemas, y pueden
hasta desorganizar el equilibrio mental.
Los que están familiarizados con la terminología cabalística saben que
la primera Gran Iniciación nos da el poder de conversar con nuestro Santo
Ángel Guardián y participar de su saber; y es bueno recordar que este
Santo Ángel Guardián no es otro que nuestro Yo Superior. La característica
de este modo de mentalidad elevada es que no se producen voces ni
visiones, porque es conciencia pura, y una percepción más intensa; de esta
actividad del espíritu resulta un poder particular de penetración que es
de la naturaleza de la intuición más elevada. La conciencia superior jamás
es psíquica, sino permanentemente intuitiva, y no contiene imagen sensible
alguna. Es esta ausencia de imágenes lo que advierte al verdadero Iniciado
que ha alcanzado el nivel del Ego.
Los antiguos sabían bien lo que acabamos de expresar, y distinguían
cuidadosamente los métodos mánticos que ponen en contacto con los mundos
de abajo, con los mundos de la ebriedad divina conferida por los
Misterios. Las Bacantes que danzan en memoria de Dionisio eran de un orden
de iniciación completamente diferente de las Pitonisas, las cuales eran
médium, esto es, psíquicas. Las Bacantes iniciadas en los Misterios
Dionisíacos poseían una exaltación de conciencia, una superabundancia de
vitalidad, que les permitía realizar sorprendentes proezas de fuerza.
Todas las religiones dinámicas poseen este aspecto dionisíaco. Aun en
la cristiana, muchos santos han tenido la experiencia del Divino
Crucificado que adoraban, yendo hacia ellos como el Divino Esposo. Cuando
hablan de esta ebriedad divina las metáforas del amor humano vienen
instintivamente a sus labios. "¡Que adorable eres, oh esposo mío"
"Aturdido por los besos de sus labios divinos.... Estas palabras dicen
mucho para quienes sabe comprenderlas.
El aspecto dionisíaco de la religión representa un factor esencial de
la psicología humana; por una parte, es la incomprensión de este factor lo
que nos cierra el portal de las experiencias espirituales sublimes en
nuestra civilización actual, y permite, por otra parte, esas extrañas
aberraciones del sentimiento religioso, que, de tiempo en tiempo, producen
un escándalo más o menos lamentable, en vez de movimientos inspirados de
religiones más dinámicas.
Hay una cierta concentración emocional exaltada que hace posible las
fases elevadas de la conciencia, y sin esa concentración no es posible
alcanzarlas. Las imágenes del plano astral se transforman en intensidad de
emoción parecida a una llama y, cuando la naturaleza grosera ha sido
totalmente consumida, a menudo nos hallamos calentados por el color de la
conciencia pura. A causa de la naturaleza misma del espíritu humano que
tiene el cerebro por instrumento, esta llama blanca no puede durar; pero,
durante su breve existencia, el temperamento se transforma, el espíritu
recibe nuevos conceptos y una especie de amplitud que no se disipa jamás
del todo. Esta extraordinaria exaltación de conciencia se retira, pero la
expansión de la personalidad llega a ser permanente, como asimismo una
capacidad más elevada de vida y un poder de realización de las verdades
espirituales que jamás podría haber sido nuestro, si no hubiésemos
franqueado violentamente el abismo que nos separa de él, en el gran vuelo
del éxtasis.
Los que en la actualidad nos dirigen espiritualmente, no tienen idea de
los métodos por los cuales se logra de modo deliberado el estado de
éxtasis, y tampoco se saben servir de éste cuando se produce
espontáneamente. los oradores de ciertas sectas, por su magnetismo
instintivo, logran producir algo parecido al éxtasis en un auditorio no
preparado, y los menos recomendables de entre ellos son juzgados según su
poder de embriagar de esa manera su público. Pero las consecuencias de esa
embriaguez es la de toda ebriedad: cuando se ha esfumado y el orador lleva
consigo a otras partes sus discursos, la vida parece sombría, sin
contenido ni alegrías. Y al esfumarse así su ebriedad, el convertido
piensa haber perdido a Dios; nadie parece darse cuenta de que el éxtasis
es un relámpago de magnesio en la conciencia ordinaria que, si se
prolongase, arruinaría el cerebro y el sistema nervioso. Sin embargo,
aunque no deba perseguirse, cuando el éxtasis es verdadero, atravesamos el
punto muerto de nuestra conciencia y despertamos a otra vida.
La técnica del Árbol de la Vida da una definición muy exacta de sus
experiencias especiales. Merced a ella, los que son expertos no toman el
vuelo de su conciencia. superior por la voz de Dios. De la conciencia
sensorial de Malkuth, pasando por el psiquismo astral de Yesod, ellos
ascienden a la intuición sin imágenes, a la conciencia sutil de Tipharet,
para descender de inmediato, suavemente, sabiendo lo que hacen. Ellos no
confunden los planos y tampoco les permiten mezclarse, sino juzgan a todos
desde el centro de una conciencia centralizada.
III
Los cabalistas llaman a Tiphareth, Shemesh o la Esfera del
Sol, y a
este respecto es interesante hacer notar que todos los dioses solares son
dioses salvadores y todos los dioses salvadores son solares, cosa que
merece ser meditada.
El Sol es el punto central de nuestra existencia, y sin él no existiría el
sistema solar. La luz del Sol desempeña un papel capital en el
metabolismo, o sea el proceso vital de los seres vivientes; toda la
nutrición de las plantas verdes depende de él. Su influencia está
íntimamente ligada a la de las vitaminas, y es un hecho probado que éstas,
en ciertos casos, pueden suplir su acción. Por ello vemos que la luz solar
es un factor esencial de nuestro bienestar; y yendo más lejos, podríamos
afirmar que es necesaria para nuestra misma existencia; nuestra relación
con el Sol es mucho más íntima de lo que podamos imaginar.
En el reino mineral, el símbolo del Sol es el oro, precioso y puro;
todas las naciones lo han reconocido, nombrándolo el metal del Sol, viendo
en él el más precioso de los metales y convirtiéndolo en la base única de
los cambios monetarios. El papel desempeñado por el oro en la política de
los pueblos sobrepasa en mucho su utilidad intrínseca como metal. Es la
sola substancia terrestre que, en grado máximo, es incorruptible, porque
podrá estar completamente cubierta en su superficie por impurezas, pero
metal en sí, diferentemente de la plata y el hierro, no sufre ninguna
alteración química, ni descomposición alguna; podríamos agregar que
tampoco el agua lo corroe.
El Sol es Aquel que nos da la vida, y la fuente misma del ser; es el
único símbolo adecuado para Dios Padre que puede ser llamado justamente
Sol tras el Sol, siendo Tiphareth, por este hecho, el reflejo inmediato de
Kether. Es por la mediación del Sol que la vida se manifiesta en la
Tierra, y es por medio de la conciencia de Tiphareth que nos ponemos en
contacto con todas las fuerzas vitales que podamos, consciente e
inconscientemente a la vez.
Ante todo, el Sol es el símbolo de la energía manifestada: lo influjos
ininterrumpidos y excepcionales de la energía solar so' los que causan la
ebriedad divina del éxtasis; el oro, base de la monedas, es la
representación objetiva de la fuerza vital exterior porque, en verdad, el
dinero es la vida, la vida es el dinero, toda vez que sin él no podemos
tener ninguna plenitud de vida. La fuerza vital, manifestada en el plano
físico como energía, y en el plano mental como inteligencia y saber, puede
ser transmutada en dinero por medio de procesos alquímicos, signos de la
capacidad o energía de quien los emplea. El dinero es el símbolo de la
energía humana, por medio del cual podemos acumular, hora por hora el
producto de nuestro trabajo, recibiéndolo como salario al fin de la
semana, gastándolo en cosas útiles o ahorrándolo para el uso futuro que
consideremos conveniente. El oro representado por los cheques es un
símbolo de la energía humana y no puede ser ganado más que por un esfuerzo
de esta energía. Cualquiera sea le energía de un padre o de un esposo
transmitida por la herencia, siempre es el símbolo de una energía humana
en una esfera dada, aunque ello sea en una sociedad de ladrones.
Los movimientos subterráneos y secretos del dinero obran en el
organismo de las naciones de la misma manera que las hormonas en el cuerpo
humano, y hay leyes cósmicas insospechadas por los economistas que
gobiernan esos movimientos rítmicos e intermitentes.
Kether, el espacio, la fuente de toda existencia, se refleja en
Tiphareth, que es un agente de distribución y un distribuidor de la
energía espiritual primordial. Recibimos directamente esta energía por
medio de la claridad solar, e indirectamente por la clorofila de las
plantas verdes que les permite utilizar la luz, y también la recibimos,
aunque de una manera que podríamos decir "de segunda mano", por medio de
los tejidos de los animales herbívoros.
Pero el dios Solar es algo más que una fuente de vida: es también el
sanador cuando la vida está amenazada, pues ella, sus excesos, sus errores
y sus deficiencias, es lo que constituye la actividad en los procesos de
la enfermedad, la cual no dispone de más energía que la tomada de la vida
del organismo. Toda curación debe consistir en reajustes de la fuerza
vital, y son los dioses solares a quienes hay que invocar con este objeto,
a consecuencia de la relación intima entre el Sol y la Vida. El
conocimiento de estos hechos y la manipulación de la influencia solar eran
los medios de curación empleados por los antiguos Sacerdotes Iniciados. En
la Grecia antigua, esos medios eran el fundamento, los cimientos de
Esculapio.
Nosotros, los modernos, hemos aprendido el valor de la luz solar y de
las vitaminas en nuestra economía fisiológica, pero no hemos realizado el
papel capital del aspecto espiritual de su influencia en nuestra economía
psíquica, comprendiéndose este término según la acepción que nos da el
diccionario. Hay un factor Tipharéthico en el alma del hombre, factor que,
según la antigua tradición, tiene su correspondencia física en el plexo
solar --no en el corazón ni en la cabeza-- y que tiene el poder de
concentrar el aspecto sutil de la energía del sol, de la misma manera que
la clorofila concentra un aspecto más tangible en la flor de una planta.
Si por cualquier circunstancia estamos impedidos de asimilar esta energía,
nos volvemos tan enfermizos, débiles de espíritu y de cuerpo, como una
planta que crece en una caverna, privada de la claridad que la alimenta.
Esta separación con el aspecto espiritual de la naturaleza es debido
sólo a actitudes mentales. Cuando rehusamos reconocer nuestro papel
verdadero en la Naturaleza, y el de ella en nosotros, impedimos el doble
juego de ese magnetismo vital entre la parte y el todo; y, faltándonos los
elementos esenciales para el crecimiento espiritual, no podremos lograr la
salud psíquica.
' Los psicoanalistas dan una gran importancia a la represión como causa
de los desórdenes psíquicos; han aprendido a reconocer esto, porque en los
casos extremos de represión sexual sus pésimos efectos son evidentes. Sin
embargo, no han aprendido que esa represión sexual de que hablamos --a
menos que no nazca por determinadas circunstancias, en cuyo caso no da
lugar a la disociación-- no es más que el resultado de una causa más
profunda que el sexo mismo, causa que tiene sus raíces en una falsa
espiritualidad, un idealismo malsano que pretende privarse de la simpatía,
de la franqueza, de la gratitud que debe experimentar un criatura viviente
hacia Aquel que le da la Vida, el más elevado bienhechor de la Naturaleza.
Todo esto proviene de un orgullo espiritual que considera indigno los
aspectos naturales primitivos.
A causa de ese falso ideal y de sus valores irreales, es por lo que hay
tanta neurastenia en nuestros medios sociales. Porque Cloácina y Priapo no
son honrados como dioses, es por lo que nosotros somos maldecidos por el
dios Solar y separados de su benigna influencia , pues el insulto a sus
aspectos inferiores es lo mismo que un insulto dirigido a él.
Cuando un ser no es apto para la reproducción, el llamado del sexo le
es repulsivo; es la base natural del pudor que protege el organismo contra
el derroche y el agotamiento. La acumulación de desperdicios causa una
perturbación fisiológica creando dolores insoportables para toda criatura
viviente, por poco desarrollada que sea, y evita su acercamiento. Nuestras
condiciones artificiales de vida han sacado miles de prejuicios
irracionales y nefastos de esas dos repulsiones tan racionales y útiles en
las condiciones naturales. La repulsión cesa de ser normal y no sirve para
su meta biológica.
Nuestra conducta con respecto a dos funciones importantes de la vida
natural implica que ellas son anormales, despreciables y funestas. De
consiguiente, si suprimimos el contacto terrestre el circuito se destruye
y, asimismo, nos faltarán los contactos celestes. El circuito cósmico
desciende de Kether a través de Tiphareth y Yesod hacia Malkuth; si el
circuito está roto en alguna parte no funciona más. Es verdad que,
mientras se viva, es imposible destruirlo del todo, pues los procesos de
la vida se hallan tan profundamente arraigados en la naturaleza, que no se
les puede suprimir totalmente; pero, una actitud mental puede desviar la
corriente, aislarla y pervertirla, hasta el punto que sólo un influjo
mínimo circula a través de los obstáculos en un organismo debilitado.
En Tiphareth, el centro Solar, lo espiritual se manifiesta por lo
natural, y debemos reverenciar el Dios Solar para comprende que él
representa la expresión natural de las realidades espirituales. Es enorme
la influencia que sobre la historia de los dolores humanos tiene la
espiritualización de las funciones naturales.
IV
A la luz de lo que ya sabemos sobre el significado de Tiphareth, los
símbolos a él asignados constituyen un estudio de los más instructivos,
porque tenemos ahí un ejemplo muy claro de la manera en que, para cada
Sephirah , los símbolos que lo representan se entrelazan en una
interminable corriente de asociaciones concatenadas.
El sentido de la palabra hebrea TIPHARETH es Belleza. De las múltiples
definiciones que han sido dadas a este término, la más satisfactoria es
aquella que hace consistir la Belleza en una relación de proporciones
armoniosas, cualquiera sea la cosa en cuestión material o moral. Por
tanto, es interesante notar que el Sephirah de la Belleza es el punto
central del íntegro equilibrio del Árbol, y que una de cada dos
experiencias espirituales evocadas por Tiphareth es la visión de la
Armonía de las Cosas.
Es curioso que dos Experiencias Espirituales diferentes, y a primera
vista sin relación reciproca, estén asignadas a Tiphareth; en efecto, es
el único Sephiroth del Árbol que ofrece esta anomalía. Todavía solo, se ve
asignar diversas Imágenes Mágicas; de consiguiente, debemos preguntarnos
por qué es el Sephirah central el que ofrece estos múltiples aspectos. La
respuesta se encuentra en el Sepher Yetzirah concerniente a Tiphareh, en
la parte que dice: "El Sexto Sendero tiene por nombre Inteligencia
Mediadora,. Ahora bien: un mediador es, esencialmente, un intermediario,
un lazo de unión; por tanto, Tiphareth en su posición central, debe ser
observado como una fuente de doble corriente y en efecto, recibe por una
parte los influjos de las Emanaciones, y por otra hace expandir esta
influencia "en todos los canales de Bendiciones". De consiguiente, debemos
considerarlo como la manifestación exterior de los Sephiroth más sutiles
y, asimismo, como el principio espiritual de los cuatro Sephiroth más
densos que él. Desde el punto de vista de la fuerza, Tiphareth es forma; y
desde el de la forma, es fuerza. En efecto, es el Sephirah arquetípico en
el cual todos los grandes principios representados por los Sephirah
superiores se hallan formulados en conceptos.
“En él están multiplicados los influjos de las emanaciones”, como dice
el Sepher Yetzirah.
El nombre Zoar Anpin, el Rostro Menor, opuesto al Arik Anpin, el Rostro
Inmenso --uno de los títulos de Kether--, confirma en su máximo grado esta
idea; en efecto, los principios amorfos de Kether toman una forma en la
Esfera abstracta del espíritu superior. Así, como dejamos dicho, Kether se
refleja en Tiphareth. El Anciano de los Dias ve Su Imagen en un espejo y
esta apariencia reflejada del Rostro Inmenso o del Padre es el Rostro
Menor o el Hijo.
Tiphareth, vista desde arriba, es la manifestación menor y nueva
generación, y vista desde abajo, es decir, desde Yesod Malkuth, es Adam
Katmon o el hombre Arquetipo; Tiphareth Melekh, el Rey, el esposo de
Malkan, la Esposa, uno de los títulos de Malkuth.
En Tiphareth es donde encontramos las ideas arquetípicas que; forman el
andamiaje invisible de toda la Creación manifestada, formulando los
principios originales de los Sephiroth más sutiles Se podría decir que es
un tesoro de imágenes acumulado sobre un plano superior; pero, mientras
Que las imágenes del plano astral reflejan las formas, las de Tiphareth,
cristalizándolas de alguna manera, nacen de las emanaciones espirituales
provenientes de los poderes más elevados.
Tiphareth es el mediador entre el Macrocosmos y el Microcosmos. "Como
arriba es abajo", tal es la clave de la Esfera Shemesk donde el Sol que se
halla en el transfondo del sol, se condensa en la manifestación.
En la anatomía del Hombre Celeste se encuentra la interpretación de
toda organización y de toda evolución; en efecto, el universo material es,
literalmente, los órganos y los miembros del Hombre Celeste; y
comprendiendo el alma de Adam Kadmon, que' consiste en "el influjo de las
emanaciones", es como podemos interpretar su anatomía en términos
funcionales, lo cual es el único método inteligente para juzgar una
anatomía. La ciencia, en general, es tan vacía de todo contenido
filosófico porque se contenta con ser descriptiva y retrocede frente a las
explicaciones verdaderas.
En la psicología trascendental, la cual es la anatomía del microcosmos,
el pecho corresponde a Tiphareth. En él se hallan los pulmones y el
corazón, y debajo de estos órganos. en relación intima con ellos y
controlándolos, está el gran núcleo de nervios conocido bajo el nombre de
plexo solar, nombre que con justicia fué dado por los antiguos. Los
pulmones mantienen una relación singularmente estrecha entre el
Macrocosmos y el Microcosmos, determinando la salida y la entrada de la
incesante marea atmosférica, que no se detiene de día ni de noche, hasta
que el Vaso de oro se rompa, que el hilo de plata se corte y que cese
nuestra respiración. El corazón determine la circulación de la sangre, la
cual, según la penetrante definición de Paracelso, es "un flúido muy
particular”. La medicina sabe muy bien lo que la luz solar es para la
sangre. Asimismo, ha reconocido que la clorofila, substancia verde de las
hojas de las plantas que les permite utilizar la luz solar como fuente de
su energía, tiene una influencia muy fuerte sobre la presión de la sangre.
Las Tres Imágenes Mágicas de Tiphareth son curiosas y a primera vista
parecen carecer de una relación recíproca y ser contradictorias. Pero, a
la luz de lo que hemos podido aprender de Tiphareth, su sentido y su
relación aparecen claramente a través del lenguaje simbólico, sobre todo
cuando se las estudia comparándolas a la vida de Jesucristo o el Hijo.
Tiphareth primera condensación de los Sephiroth superiores, es
Justamente representado como el Niño recién nacido en el establo de Belén;
como Dios sacrificado, se convierte en el Mediador entre Dios y el hombre;
y cuando resucita de entre los muertos es Rey en su reino. Tiphareth es el
Hijo de Kether y el rey de Malkuth y, en su propia Esfera, El, el
sacrificado.
No comprenderemos a Tiphareth si no tenemos alguna noción del sentido
exacto del sacrificio, el cual difiere mucho del sentido popular que lo
concibe como una pérdida voluntaria de algo que nos es querido. El
sacrificio es la transferencia de la fuerza de una forma a otra. En
realidad, no existe la destrucción de una fuerza; por completa que nos
parezca su desaparición. ella permanece inalterable en virtud de la gran
ley natural de la conservación de la energía, la cual mantiene en
existencia a nuestro universo. La energía puede estar encerrada en una
forma y, por eso, ser estática. o también puede franquear esta prisión de
la forma para circular libremente. Cuando hacemos un sacrificio
cualquiera, tomamos una forma estática de energía , y, rompiendo la
envoltura que la retiene prisionera, la libramos a la circulación en el
Cosmos. Lo que de esa manera sacrificamos, vuelve a tomar otra forma en un
tiempo determinado. Si aplicamos esta concepción a las ideas religiosas y
éticas del sacrificio obtendremos algunos resultados notables.
El Nombre Divino de esta Esfera es Aloah Va Daath, nombre que está
íntimamente asociado con el Sephirah invisible que halla entre Tiphareth y
Kether. Como hemos vista, este Sephir puede ser aproximadamente definido
por el término "entendimiento" o el alborear de la conciencia; y podemos
traducir la frase Aloah Va Daath, Tetragrammaton por Dios manifestado en
la Esfera del Espíritu.
En el microcosmos Tiphareth representa el psiquismo superior al modo de
conciencia de la individualidad o Ego. Es esencialmente la Esfera del
misticismo religioso y también lo opuesto a la magia y al psiquismo de
Yesod; porque, como lo recordaremos, los Sephiroth del Pilar Central
representan niveles de conciencia y los Sephiroth de los Pilares
laterales, sus poderes y sus modos de funcionamiento. Se nos dice que
Tiphareth es la Esfera de los Maestros; es el Templo eterno en los cielos,
que mano alguna, ha construido; es la Gran Logia Blanca. Es aquí,
encontrando a los Maestros, donde el Adepto iniciado funciona en su más
alta conciencia, y es por las sílabas del Nombre, por la justa comprensión
del sentido de ese Nombre, Aloah Va Daath, que él se abre a esta
conciencia superior.
Un nombre llega a ser para nosotros un Nombre de Poder en la medida que
nos compenetramos de su significado. Para el asesino, el nombre de su
víctima es una palabra de poder; y tal es el poder conocido que, en
ciertos países , un instrumento destinado para registrar la presión de la
sangre se sujeta al brazo de un sospechoso mientras la policía lo
interroga; el nombre del muerto y otras palabras relacionadas al crimen,
se le murmuran al oído, y si éstas son "palabras de poder” para él, el
instrumento las registra de inmediato y sin error posible.
La creencia popular imagina que los nombres de poder tienen una
influencia directa sobre los ángeles, los demonios y otros seres, pero no
es así. En realidad, el nombre de poder obra en el mago y le permite,
exaltando y dirigiendo su conciencia, entrar en contacto con una
influencia espiritual determinada; si tiene una experiencia cualquiera de
ese tipo particular de influencia, el Nombre de Poder despertará notables
recuerdos inconscientes; y si no tiene experiencia y aborda la prueba con
falta de imaginación y con la incredulidad de un escolar, los “Nombres
bárbaros de evocación" serán para él sílabas sin fuerza, un verdadero
hocus pocus. Es necesario notar que, para el creyente católico, ese
término: hocus pocus, que para el protestante significa la superstición y
el fraude, tiene el sentido de Hoc Est Corpus, lo cual es algo por
completo diferente. En estos tópicos, no es sino el punto de vista lo que
importa.
Es por esta razón que una definida experiencia espiritual es asignada a
cada Sephirah, y mientras una persona no la haya experimentado, no será
iniciada en este Sephirah. Con respecto a los Nombres de Poder, no podrá
usarlos. Según la tradición, no es suficiente conocer un Nombre de Poder,
sino es menester saber como se lo hace vibrar. Generalmente se cree que la
vibración de un nombre es la nota justa en la que se lo canta; pero la
vibración mágica exige algo por completo diferente. Cuando se experimenta
una profunda emoción y, al mismo tiempo, se siente devocionalmente
exaltado, la voz baja en muchos tonos de su ritmo normal llega a ser
resonante y vibrante; ese temblor de emoción del acento de la devoción es
lo que constituye la pauta vibratoria de un Nombre, lo cual no puede ser
enseñado ni aprendido, porque es un fenómeno instintivo; es como el viento
que sopla donde quiere. Cuando acontece, uno es sacudido de pies a cabeza
como una oleada de fuego, y todos los que lo sienten escuchan aun contra
su voluntad. Escuchar vibrar un Nombre de Poder es una experiencia
extraordinaria; pero lo es más aún hacerlo vibrar uno mismo.
El arcángel de Tiphareth es Raphael o “el Espíritu que está en el Sol”;
es también el Espíritu que sana.
Cuando el iniciado “'trabaja” en el Árbol, es decir, cuando evoca
imaginariamente en su aura un diagrama del Árbol de la Vida, formula a
Tiphareth en su plexo solar, entre el pecho y el abdomen; si anhela
trabajar en la Esfera del Sexto Sephiroth y concentra su espíritu en este
centro, a menudo se halla que se ha convertido en un espíritu de pie, en
el sol, rodeado de la fotosfera inflamada. Una cosa es situar un Sephirah
en su aura, y otra bien diferente transportarse a ese Sephirah. Como
primera operación, se puede recibir la influencia del Sephirah, lo que
constituye un buen método para la meditación diaria; como segunda
operación, la posición se invierte, y lo interior se convierte en
exterior: en vez de tener en sí el Sephirah, se penetra en él, y es
solamente entonces cuando se puede emplear su poder. Esta segunda
experiencia es lo que forma el punto culminante de un Sephirah.
El orden Angélico de Tiphareth es el de los Malachim o Reyes, que son
los principios espirituales de las fuerzas naturales; nadie puede
controlar esas fuerzas ni siquiera ponerse en contacto sin peligro con
esos principios elementales, a menos de poseer la iniciación de Tiphareth,
que es la de un Adepto Menor. Pues es menester haber sido aceptado por
esos Príncipes de los Elementos es decir, es necesario haber realizado la
ultérrima naturaleza espiritual de las fuerzas naturales, antes de
poderlas usar bajo forma elemental. En esta forma elemental subjetiva,
ellas aparecen en el Microcosmos como poderosos instintos de combate, de
reproducción, de degradación, de exaltación y otros factores emocionales
bien conocidos por todos los psicólogos . De consiguiente, es evidente que
si despertamos y estimulamos estas emociones de nuestra naturaleza, se
deberá hacerlo para usarlas como servidores de nuestro Ego, es decir, de
la razón y del principio espiritual que mora en nosotros. Es necesario,
por tanto, que cuando queremos servirnos de las fuerzas elementales, lo
hagamos con la ayuda de los Reyes, bajo la presidencia del Arcángel y la
invocación de Nombre Divino apropiado a la Esfera Celeste. Desde el punto
de vista del Microcosmos, esto significa que los poderes elementales de
nuestra naturaleza están en relación con el Yo Superior en vez de estar
disociados en el mundo interior de los Qliphoth el cual es “el
inconsciente” de Freud.
Se sobreentiende que las operaciones elementales no se cumplen en la
Esfera del Triphareth; pero es necesario que ellas sean controladas desde
lo alto de esta Esfera por poca Magia Blanca que se efectúe; faltando ese
control, la Magia Negra surge de inmediato. Se dice que, cuando la Caída,
los cuatro Sephiroth inferiores se separaron de Tiphareth y fueron
asignados a los Qliphoth. Cuando las fuerzas elementales se separan de sus
principios espirituales en nuestros conceptos y se convierten en fines en
sí, aunque no se pretenda ningún mal y se trate de una simple experiencia,
se produce inevitablemente una caída acompañada por la degeneración. Pero
cuando realizamos claramente el principio espiritual que por doquier
domina en la naturaleza, hay estado de inocencia, para usar este término
teológico en un sentido definido; en este caso la caída no se produce;
podemos trabajar en seguridad y desarrollar fructíferamente esta clase de
fuerzas en el seno de nuestra propia naturaleza, conduciendo así la
Libertad, el Equilibrio, tan necesarios para la salud del espíritu. Esta
correlación de lo espiritual y de lo natural, que evita toda caída a este
ultimo y lo mantiene en estado de inocencia, prácticamente es uno de los
puntos más importantes tratándose de Magia.
V
Como ya se ha comprobado, dos distintas experiencias espirituales
concurren a la iniciación de Tiphareth: la Visión de la
Armonía de las
Cosas y la Visión de los Misterios de la Crucifixión. Ya hemos hecho notar
que Tiphareth ofrece dos aspectos y que, de consiguiente, son normales dos
experiencias espirituales para la Iniciación .
En la Visión de la Armonía de las Cosas, echamos una profunda mirada a
la parte espiritual de la Naturaleza; en otros términos, nos encontramos
con los Malachim o Reyes angélicos. Por medio de esta experiencia
percibimos que la naturaleza es sólo el aspecto más dense del espíritu, la
"Túnica exterior que oculta" cubriendo la “Túnica Interior de Gloria".
Esta percepción del sentido espiritual de la Naturaleza, tan
lamentablemente deficiente en nuestra vida religiosa actual, es
responsable de tantas enfermedades de los nervios y de tantas desgracias
conyugales.
Es por la Visión de la armonía de las Cosas que nos unimos a la
Naturaleza, y no por medio de contactos elementales. Los seres humanos que
de una u otra manera se hayan elevado por encima del grado primitivo no
pueden unirse a la Naturaleza sobre el nivel elemental sin incurrir en la
degradación, la bestialidad, en los dos sentidos de este término. Los
contactos naturales tienen lugar por el intermediario de los Reyes
angélicos de los Elementos en la Esfera de Tiphareth, o sea por la
realización de los principios espirituales que dominan la Naturaleza; y en
este caso, el Iniciado aborda a los seres elementales en nombre del Rey
que los gobierna. De alguna manera desciende a los reinos elementales en
nombre del Rey que los gobierna. De alguna manera desciende a los reinos
elementales, trayendo consigo su virilidad, y obra entonces sobre los
elementos como un Iniciador; si los busca sobre el nivel que les es
propio, abjure de su virilidad, y retorna a una fase de evolución
anterior. La fuerza elemental no limitada y tenida en jaque por las
fuerzas de un cerebro humano se convierte en un poder desequilibrado que
se expande por los vastos canales de la inteligencia humana; el resultado
es el caos el cual es el Reino de los Qlipoth.
Los misterios de la Crucifixión son macrocósmicos y microcósmicas a la
vez. Bajo su aspecto macrocósmico, lo hallamos en las mentes de los
Grandes Redentores de la Humanidad, los cuales nacen siempre de un dios y
de una Virgen madre, confirmando así una vez más, la naturaleza dual de
Tiphareth donde se enfrenta la forma y la fuerza. Pero guardémonos de
olvidar su aspecto microcósmico, experiencia de conciencia mística. Es por
la comprensión de los Misterios de la Crucifixión, vinculados al poder
místico del Sacrificio, que sobrepasamos los límites de nuestra conciencia
cerebral consagrada a la sensación y habituada a la forma, y que entramos
en la conciencia más vasta del psiquismo superior. Es así como nos hacemos
capaces de sobrepasar la forma; de liberar la fuerza latente, la
convertimos en kinetica en vez de estática y, por ello, útil para la Gran
obra, la cual es la regeneración.
La virtud característica de la Esfera de Tiphareth es la devoción a esa
Gran obra. La devoción es uno de los factores más importantes en el
Sendero de la Iniciación que conduce a la conciencia superior; por tanto,
debemos examinarla con cuidado y analizar su contenido.
La devoción puede ser definida como el amor, para lo que es más elevado
que nosotros; algo que evoca nuestro idealismo algo que, aun sabiendo que
es inigualable, nos hace aspirar a convertirnos en semejantes. “Los que
ven la Gloria del Señor como en un espejo, son transformados en esta
imagen misma, de gloria en gloria”. Cuando una emoción más poderosa se
mezcla a la devoción que se convierte en adoración, somos transportado mas
allá del abismo que separa lo tangible de lo intangible, y nos hemos
vuelto capaces de comprender cosas que los ojos no vieron y los oídos no
escucharon. Esta devoción sublimada en adoración en la Gran obra, es lo
que nos inicia en los Misterios de la Crucifixión.
El vicio asignado a Tiphareth es el orgullo, y esta atribución revela
una psicología exacta. El orgullo nace del egoísmo, y mientras seamos un
centro para nosotros mismos, no podremos unirnos a todas las cosas. En la
total ausencia de egoísmo del Sendero, el alma sobrepasa sus límites y
penetra en todas las cosas por la simpatía, convertidas en perfectas por
el amor; en el egoísmo, el alma intenta extender sus propios límites hasta
poseer todas las cosas. Pero hay una gran diferencia entre poseer una cosa
y convertirse en una con ella; en el segundo caso, ella misma nos posee
con una perfecta reciprocidad. Es una combinación unitaria, lo que se
convierte en vicio del Adepto. Debe dar tanto cuanto recibe, y él mismo
debe darse sin reservas, si quiere participar en la unión mística que es
el fruto del Sacrificio de la Crucifixión.
“Que aquel que quiera ser el mas grande entre vosotros, sea el servidor
de todos” dice Nuestro Señor.
Los símbolos asociados con Tiphareth son el lamen, la Rosa Cruz, la
Cruz del Calvario, la pirámide truncada y el cubo.
El lamen es el símbolo que figura sobre el pecho del Adepto, y que
representa su fuerza. Por ejemplo, un Adepto realizando un trabajó en la
Esfera de Shemesh deberá llevar sobre su pecho la imagen del sol en su
esplendor. El lamen es el arma mágica de Tiphareth; y aquí es necesario
hablar de la naturaleza de las armas mágicas en general, para que la
función del lamen pueda ser comprendida.
Un arma mágica es un objeto cualquiera que sea apropiado para
convertirse en el vehículo de una fuerza de un tipo particular. Por
ejemplo, el arma mágica del Elemento Agua, es una copa o bien un cáliz; el
arma mágica del Elemento Fuego, es una lámpara encendida. Estos objetos
son elegidos porque su naturaleza está emparentada con la naturaleza de la
fuerza que se quiere invocar; o bien, en lenguaje moderno, porque su
forma, por asociación de ideas, sugiere esta fuerza a la imaginación.
Tiphareth está asociado tradicionalmente con el pecho tanto a causa del
núcleo de nervios que se llama plexo solar, como por su posición en el
Árbol, cuando este se construye en el aura.
De consiguiente, cualquiera sea la operación realizada, la joya que
cubre el pecho es el hogar de la fuerza de Tiphareth la, fuerza operante,
venida de su propia Esfera, está representada por el arma mágica que la
tradición le asigna. Por ejemplo, un Adepto que realice una operación
concerniente al Elemento Agua, tendrá una copa como arma mágica; con ella
hará sus gestos, y sobre ella será concentrada toda la fuerza atraída por
la invocación. Pero tendrá sobre su pecho el signo Elemento Agua, y este
será reconocido como representando el factor espiritual de la operación, y
refiriéndose al Arcángel de ese reino particular. A menos que el Adepto no
comprenda el sentido de su lamen, diferente de su arma mágica, no será un
Adepto sino un hechicero.
La Rosa Cruz y la Rosa del Calvario son consideradas como emblemas de
la Esfera de Tiphareth. Para comprender su sentido es necesario comprender
el de la cruz en general y el uso que de ellas se hace en los sistemas
simbólicos. Aunque la Cruz que mejor conocemos sea la del Calvario,
reverenciada por el cristianismo hay muchas otras formas de cruces,
ofreciendo cada una de ellas un sentido especial. La Cruz de brazos
iguales, como la Cruz Roja del servicio medico militar, es llamada por los
Iniciados la Cruz de la Naturaleza y representa el poder en equilibrio. Se
la halla en la parte superior de ciertos emblemas célticos, frecuentemente
rodada por un circulo; de manera que la Cruz Céltica consiste en un brazo
terminado por una cruz natural, y no tiene la menor relación con la Cruz
del Calvario, que es la de la Cristiandad. El brazo de la Cruz Céltica es,
en efecto, una pirámide truncada; los especímenes de este tipo de cruz que
subsisten, no dejan ningún lugar a dudas sobre ello. Algunas de estas
formas antiguas sugieren la imposición de la cruz y del circulo sobre la
piedra cónica y fálica, que un tiempo fue un objeto universal de
admiración primitiva.
La Svástica es también una cruz de la naturaleza, llamada algunas veces
la Cruz de Thor, o Martillo de Thor, pues se supone que su forma indica la
acción torbellineante de sus relámpagos.
La Cruz del Calvario es la Cruz del Sacrificio; su verdadero color
deberá ser negro. Su pie deberá ser tres veces más largo que sus brazos, y
el largo de cada brazo igual a tres veces su ancho. la meditación sobre
esta Cruz conduce a la Iniciación por el sufrimiento, el sacrificio, la
abnegación de sí mismo. El Crucifijo es una reducción de la Cruz del
Calvario.
El círculo colocado sobre la Cruz es un símbolo iniciático sobre todo
cuanto la cruz está sobre tres peldaños, como debería ser en este caso. El
círculo indica la vida eterna y también la sabiduría; vemos una de estas
formas en el emblema de la Sociedad Teosófica, donde figura "una serpiente
que se muerde la cola Una Cruz del Calvario en la que esté superpuesto el
circulo, significa la Iniciación por el Sendero de la Cruz, siendo los
tres peldaños los tres grados de la Iluminación; este símbolo es llamado
la Rosa Cruz. El emblema fantasista donde figuran flores no es un símbolo
iniciático. La Rosa asociada a la Cruz es el simbolismo occidental, es la
Rosa Mundi, que es una clave para interpreta los poderes de la Naturaleza.
Sobre sus pétalos están grabados, en efecto, los treinta y tres signos de
esas fuerzas; corresponden a las veintidós letras del alfabeto hebreo y a
los Diez Santos Sephiroth; Estos, a su vez están asociados a los treinta y
dos Senderos del Árbol de la Vida, y esto es la clave que permite
comprender la Rosa Mundi. Los curiosos dibujos que, según se dice, son los
signos de los espíritus de los elementos, se trazan tirando una línea de
una a otra de las letras de sus nombres sobre la Rosa.
A la luz de esta explicación, nos es posible comprender el valor de los
emblemas florales que ciertos cuerpos organizados llevan por símbolo. Son
parecidos al caballero que reclamaba de su camisero “una corbata de la
Escuela Publica, donde estuviese en buen lugar un poco de rojo".
El cubo, siendo una figura de seis caras, generalmente está asignado a
Tiphareth, pues el seis es el número de Tiphareth; pero hay algo más en el
simbolismo del cubo. Es la forma más simple del sólido y, como tal, el
símbolo apropiado para Tiphareth en la Esfera del cual aparece la forma.
El símbolo de Malkuth es el doble cubo que significa: “Como abajo es
abajo".
La pirámide simboliza el Hombre perfecto, sólidamente apoyado en la
Tierra, esforzándose en unirse con los dioses; en otros términos; el
Ipsissimus. La pirámide truncada simboliza el Adepto iniciado, o Adepto
Menor, que ha franqueado el Velo, pero que todavía no ha conquistado todos
sus grados. Esta pirámide, cuyos seis lados corresponden a los Seis
Sephiroth que constituyen el Hombre Arquetipo o Adam Kadmon, es
complementada por la adición de los tres Sephiroth Superiores que se
resumen en la unidad de Ketner.
Los Seis del Juego del Tarot son igualmente asignados a Tiphareth y en
ellos se trasparenta claramente la naturaleza armoniosa de este Sephirah.
El seis de Bastos es el señor de la Victoria; el seis de Copas, el Señor
de la alegría; aun la serie maléfica de las Espadas se adapta a la
serenidad de este Sephirah, y el seis de este palo significa el señor del
éxito merecido, el éxito a precio del combate. El seis de Oros es el éxito
Material, o el poder bien equilibrado. |