De "El Evangelio según San Mateo"
Rudolph Steiner
Considerándolos "exteriormente", se notara cierta
diferencia en cuanto a la manera de hablar de los distintos Evangelios. Al
contemplar el Evangelio de Juan resulta que en todas sus partes en que
tratamos de penetrar en la grandiosidad de su contenido, sentimos
vagamente su magnitud espiritual de modo que dicho Evangelio nos revela lo
mas supremo a que la sabiduría humana puede elevarse y que, paso a paso,
puede ser accesible al conocimiento humano. En cierto modo, el hombre se
halla abajo y eleva la mirada hacia la cumbre de la existencia del
universo, diciéndose: "Por mas pequeño que tu te sientas como ser humano,
el Evangelio de Juan te da una idea de que algo que tiene afinidad con tu
propio ser se sumerge en tu alma y te hace sentir lo eterno cósmico."
La grandiosidad espiritual de los seres cósmicos que tiene
afinidad con nosotros mismos se apodera de nuestra alma cuando hablamos
del Evangelio de Juan. Al contemplar el Evangelio de Lucas, en cambio,
sentimos la intimidad, lo anímico mismo; la intensidad de todo cuanto las
fuerzas del amor son capaces de hacer; y lo que las fuerzas del
sacrificio, si obran en nosotros, pueden realizar. Si el Evangelio de Juan
nos describe la magnitud espiritual del Cristo Jesús, el Evangelio de
Lucas nos revela la infinita capacidad de sacrificio de esta entidad y nos
da una idea de lo que la evolución del mundo y de la humanidad ha ganado
por semejante sacrificio de amor que como fuerza entre otras, obra y teje
en el mundo.
Así que es principalmente el sentimiento que nos
compenetra al contemplar el Evangelio de Lucas y, por otro lado, el
elemento del conocimiento con sus fundamentos y su última finalidad lo que
se nos presenta en el Evangelio de Juan; este habla más bien a nuestro
conocimiento, aquel en cambio a nuestro corazón. Quien solo oye las
palabras cuando hablamos de uno u otro Evangelio, no lo oye todo; en cada
uno de ellos, la manera de hablar es distinta y, por eso, será también
distinta cuando ahora hablamos sobre el Evangelio de Mateo. En las
conferencias sobre el Evangelio de Lucas hemos visto que todo el amor
humano que jamás existió en la evolución de la humanidad fluyo en la
entidad que como Cristo-Jesús vivió al principio de nuestra era.
El contenido del Evangelio de Mateo, tomado en su aspecto
exterior, se presenta como un documento más universal que los otros tres.
Si el Evangelio de Juan nos hace ver la magnitud y la sabiduría del
Cristo-Jesús, el de Lucas la potencia del amor, veremos que en el
Evangelio de Marcos se nos presenta ante todo lo que como fuerza, como
potencias creadoras, o sea, como majestuosidad compenetra todo el espacio
del universo. Si llegamos a comprenderlo, habrá algo imponente en el
actuar de la intensa fuerza del universo, como si es la fuerza se nos
acercara estrepitosamente desde todos los lados del espacio.
En el Evangelio de Lucas hay algo que penetra
calurosamente en nuestra alma; el de Juan nos da esperanza para el alma;
estremecimiento ante el poder y la majestuosidad de las fuerzas del
universo nos invade ante la contemplación del Evangelio de Marcos. El
Evangelio de Mateo abarca esos tres elementos: la esperanza y la amplia
perspectiva que nos confiere el conocimiento; el elemento del sentir y del
amor; y la majestuosidad del universo. Empero, en cierto modo los contiene
en forma tan atenuada que todos estos elementos se nos presentan
humanamente más afines que en los otros tres Evangelios. Quiere decir que
en cierto sentido podemos colocarnos no debajo sino al lado de ellos.
Resulta pues que el Evangelio de Mateo es, en su genero,
el documento mas humano de todos; nos describe al Cristo-Jesús como hombre
más afín a nosotros en todo su ser y en todos sus actos. Además, en cierto
sentido, este Evangelio es como un comentario con respecto a los otros
tres: lo que en estos a veces es demasiado grande como para abarcarlo con
la vista, en el de Mateo lo comprendemos claramente, porque lo dice todo
en "escala reducida". De esta manera hace caer luz sobre los otros tres
Evangelios. Consideremos lo que sigue meramente desde el punto de vista
estilístico.
Con el fin de exponer como del Cristo-Jesús fluye a la
humanidad y en el mundo el amor y el sacrificio en su máximo grado, el
Evangelio de Lucas se refiere a una corriente evolutiva que se remonta a
los tiempos mas antiguos del devenir terrestre, o sea, al origen primitivo
de la humanidad. El Evangelio de Juan nos describe en su primer capitulo
la relación del Cristo Jesús con el Logos creador; nos habla de la mas
alta espiritualidad a que podemos elevarnos con nuestro conocimiento.
Desde el principio somos conducidos a lo más elevado a que el hombre
aspira en el conocimiento, a lo más alto que en su alma puede vivenciar.
Muy distinto es el Evangelio de Mateo: empieza por describirnos la línea
de descendencia hereditaria dentro de un determinado pueblo, y nos dice
que en cierto modo se sumaron en Jesús de Nazareth todas las propiedades
heredadas desde Abraham a través de tres veces catorce generaciones.
Quiere decir que un pueblo hacia fluir en la sangre sus mejores cualidades
a fin de reunir en una individualidad las mas altas fuerzas humanas.
El Evangelio de Juan nos conduce a lo infinito del Logos;
el de Lucas a lo inconmensurable de la evolución de la humanidad, desde su
origen; el de Mateo nos describe un pueblo que, por herencia desde el
patriarca Abraham, a través de tres veces catorce generaciones, transmite
sus cualidades al hombre Jesús de Nazareth. Con respecto al Evangelio de
Marcos solo diré que para comprenderlo verdaderamente es preciso conocer,
en cierto sentido, las fuerzas cosmológicas que fluyen a través del
devenir de todo el universo. El Evangelio de Marcos nos presenta al Cristo
Jesús de tal manera que en un obrar humano hemos de ver la esencia de
fuerzas cósmicas que, por lo común, viven como fuerzas del universo en lo
inconmensurable de las vastedades cósmicas. Se nos hace ver que en el
actuar de Cristo Jesús se ponen de manifiesto extractos de un obrar
cósmico. EI Hombre-Dios Cristo Jesús sobre la Tierra como un extracto de
las fuerzas del Sol, con todas sus inmensidades, o sea, el obrar de
fuerzas estelares a través de las fuerzas humanas, esto es lo que Marcos
nos describe.
En cierto sentido, el Evangelio de Mateo también parte de
fuerzas estelares; puesto que, al describirnos el nacimiento de Jesús de
Nazareth, nos conduce a un punto desde el cual el gran acontecimiento
aparece de tal modo que el devenir de la humanidad guarda cierta relación
con hechos cósmicos: nos hace mirar hacia el astro conduciendo a los tres
magos al lugar donde nace Jesús. Sin embargo, no describe fuerzas cósmicas
como el Evangelio de Marcos, sino que nos habla de tres hombres, tres
magos, y del efecto que lo cósmico ejerce sobre estos tres hombres.
Nuestro interés se dirige a ellos para sentir lo que ellos sienten. Se
trata del reflejo de lo cósmico en el corazón humano.
He dicho y vuelvo a señalar que lo expuesto debe tomarse
en sentido estilístico, pues por su carácter fundamental los Evangelios
describen desde distintos puntos de vista; la manera de como lo hacen es
característico para lo que nos quieren decir acerca del acontecimiento mas
grande de la evolución de la humanidad y de la Tierra. Es muy importante
que al principio del Evangelio de Mateo se nos señala el parentesco
sanguíneo de Jesús de Nazareth; se nos contesta la pregunta: ¿cual fue la
característica física de Jesús de Nazareth? ¿Cómo se sumaron en esta
personalidad todas las cualidades del pueblo hebreo, desde el patriarca
Abraham, para que en ella pudiese aparecer la entidad del Cristo? Se nos
contesta: para que el Cristo pudiese encarnar en un cuerpo físico, este
debió poseer propiedades físicas que solo pudo tener si en la sangre de
ese pueblo aparecían, sumadas como en un extracto, todas esas propiedades
del pueblo de Abraham en la personalidad de Jesús de Nazareth. Y se
demuestra que la formación de la sangre de Jesús de Nazareth se remonta, a
través de las generaciones, al fundador del pueblo hebreo. Así vemos que
principalmente en la personalidad física de Jesús de Nazareth se concentro
la naturaleza de ese pueblo, con su misión en la historia universal, para
la evolución de la humanidad y de la Tierra.
Por consiguiente, para comprender lo que el autor del
Evangelio de Mateo quiso mostrar con esta introducción, es preciso conocer
la naturaleza del pueblo hebreo, su misión, en base a su peculiaridad en
cuanto a la evolución de la humanidad. La historia materialista apenas
toma en cuenta lo que esto significa; describe abstractamente los hechos
exteriores, con el resultado de que un pueblo simplemente aparece al lado
de otro sin que se aperciba el hecho fundamental de que dentro de la
evolución cada pueblo tiene su misión específica. |