Algunas ideas sintéticas
sobre el simbolismo del Arcano
XVII
“La
Estrella".
Extractos del libro “El
Arte de Vivir” de Serval

La estrella
es nuestra propia percepción de Dios. Es el átomo-simiente en el cuerpo
Cósmico de Dios que nos proyectó tal como somos en la manifestación.
"Todo
hombre y toda mujer es una estrella". Crowley.
Cada alma humana está
representada por una estrella, que nace y muere según su destino.
Las estrellas
principales representan el logos solar con los siete logos planetarios.
En nuestra dimensión, equivale al átomo cósmico con sus siete átomos
simientes que dirigen cada uno de nuestros cuerpos.
Nos recuerda la
estrella que guió a los reyes magos que representa la fe y la esperanza
cierta de encontrar la puerta a otra dimensión, la fuente de la Luz de
la realidad superior, el venero de donde ella emana, es decir, el Aleph.
Ese será el lugar de veneración pues es donde entramos en contacto con
los maestros espirituales que, por ser venas por donde circula la
voluntad superior, pasan a ser venerables.
“El Aleph es el lugar donde están, sin confundirse,
todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos. Si todos los
lugares de la Tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las
luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz”.
El óctuple sendero
Buda, el Bendito, el
Plenamente Iluminado, nos enseñó que hay cuatro nobles verdades:
1.
La Noble Verdad del Sufrimiento;
2.
La Noble Verdad de la Causa del Sufrimiento;
3.
La Noble Verdad de la Cesación del Sufrimiento;
4.
y La Noble Verdad de la Senda que conduce a la Cesación del
Sufrimiento.
Esta senda está
compuesta por ocho senderos, lo que el Iluminado llamó el “Octuple
Sendero”:
1.
Recta Comprensión.
2.
Recta Atención.
3.
Recta Palabra.
4.
Recta Acción.
5.
Recto Vivir.
6.
Recto Esfuerzo.
7.
Recta Aplicación.
8.
Recta Concentración.
En el estado búdhico
se despierta la voluntad superior que se coloca sobre la inferior; esto
permite al ego decir no a la inmensa rutina de los deseos que hace girar
la rueda de los nacimientos. Entre tanto, hay que luchar para no dejarse
arrastrar por hábitos que están conduciendo a la humanidad a la
separatividad, a los odios y a la enfermedad.
La mayoría de los seres
humanos todavía busca reafirmar su existencia en la ilusoria autonomía
individual, excluyéndose de la Vida Una de la cual formamos parte. Las
personas viven dentro de la Vida Una, son seres espirituales, pero
mantienen una existencia estrecha y limitada, dominada por las
sensaciones. La esperanza en una persona es que en la profunda noche de
una crisis, dirija la mirada hacia el cielo y vea centellear las
estrellas.
Solve y coagula
Ishtar,
diosa de los caldeos, inspira a las almas el deseo de tomar cuerpo. Su
seducción nos induce a encarnarnos para saborear las delicias de la vida
terrestre y para afrontar las pruebas que ésta impone. Exige de sus
fieles el coraje de vivir, de emprender la lucha de la existencia con
valentía. Sus recompensas son para quienes las merecen, los enérgicos y
no los indolentes ávidos de gozar sin haberse tomado molestias. No
tienen premio los tibios. A cada cual concede las alegrías que es capaz
de apreciar. El elegido de Ishtar se diviniza elevándose por encima de
la materia para amar divinamente.
Entonces,
la mariposa de Psyché se posa sobre la suave corola de suave perfume de
los sentimientos delicados, iluminada por una inteligencia refinada que
ha conseguido desprenderse de toda rusticidad. Estas rosas donde se posa
la mariposa, quedarán bañadas por el rocío de la verdad y serán las que
conocerán los caballeros y damas de la Luz cuando se depositen sobre la
cruz de madera de acacia, símbolo de la inmortalidad. La fe, entonces y
sólo entonces, dejará de ser ciega.
Misterios
del sueño y la noche
Todas las mañanas
regresamos de un viaje cuyas peripecias la mayoría olvida. La
individualidad va como la mariposa, de flor en flor, se queda
momentáneamente en una y luego va a otra. Por medio de los sueños el ser
humano comenzó a conectarse con otras dimensiones y a ampliar su
consciencia: son la primera forma de iniciación.
Cuando se duerme, el
humano común se relaciona con el astral, donde es atraído conforme a sus
hábitos y modo de pensar. A veces hay sueños proféticos. Y algunos más
evolucionados, pueden acceder a dimensiones superiores.
Hay que aprender a
discernir la calidad de los sueños. Para ello se debe practicar con
ejercicios de concentración y retrospección, así como meditar y estudiar
simbología.
La planta nos da la
idea de crecimiento, de florecer, despertar y ser conscientes de los
sueños e ilusiones que hayamos tenido. La savia que asciende es lo que
posibilita el crecimiento de la planta y su florecimiento.

Psicocultura
Cultivar la planta
permite ir de la potencia al acto, permite utilizar el agente
transformador de lo ideal a lo real. Cultivar es aportar los medios
necesarios y apropiados para que la planta aproveche los nutrientes de
la tierra y del cielo. Para conseguirlo se requiere una dedicación
constante hasta obtener los frutos planificados. Del mismo modo,
cultivarse es rodearse de las condiciones necesarias para despertar lo
mejor de sí, proveniente del interior espiritual que toda persona posee.
Cultivar a otro es educarlo para que brote desde su ser sus cualidades y
para que desmalece sus defectos. Cultura correcta es el conjunto de
comportamientos y acciones, dedicados y constantes, conducentes a la
educación de los otros y de sí mismo. Quien cultiva, puede hacer fluir
la poderosa bioenergía de cada ser.
De bellota a encina, de
huevo a humano maduro, es la misma fuerza transmutadora en movimiento.
Esta fuerza, que obra
en lo más profundo de la materia, es el agente que adapta sin descanso
la existencia a la esencia y se le llama en metafísica, thelema. Thelema
es el impulso volitivo y casi espontáneo del mundo en transformación o
evolución.
La disciplina de
cultivar la mente para que esta fuerza fluya, viene a ser como una
psicocultura.
El solvente universal
El gran solvente
universal que facilitará el fluir de esta energía evolutiva es el agua.
Ella permite los procesos transmutadores en el tiempo. La humedad
permite la acción creadora, el acto mágico. Esta continuidad
transmutadora es la manifestación esencial del agente del crecimiento.
El agua de los dos
cántaros es la que transforma y permite la vida. El riego es el caldo de
cultivo de nuevas creaciones. Este líquido arrastra las impurezas y
putrefacciones.
El estudiante ha de ser
capaz de distinguir lo correcto de lo incorrecto, de decir si o no, a
despertar la voluntad dormida, a eliminar el fanatismo y la resignación
a la rutina. El iniciado ha de liberarse de la somnolencia y asumir el
derecho a elección.
La regeneración en un
individuo se produce por la esperanza y fe en lo superior, recibido en
la vasija de plata, la luz revelada. Luego, con renovada fe en sí mismo,
se entrega amor y servicio con la vasija de oro, luz activa.
La mujer representa el
principio materno, entre la constelación de la
esperanza encima de ella,
y el río de la continuidad de la vida biológica, por debajo. Cuando se
da esta relación, el milagro de la vida sigue libremente su curso.

La unidad entre
esperanza, creatividad y tradición es el agente de crecimiento.
El río fluye del pasado
al porvenir. La mujer vierte incesantemente el agua de arriba en la
corrientes de las aguas de abajo. Es la madre del porvenir nutrido por el
río de la tradición ininterrumpida.
La esperanza proclama en
el mundo: Lo que fue prepara lo que será; lo que se hizo prepara lo que se
hará. Todo es nuevo bajo el sol. Cada día es un acontecimiento único y una
revelación única que nunca se repetirán.
La esperanza cierta
dirige la evolución creadora hacia el futuro del mundo. Es la fuerza y luz
de la causa final del mundo, de su ideal.
Esto preparará al
iniciado para afrontar la prueba más difícil y fundamental del camino de
retorno. Medir su humildad, su castidad, obediencia y pobreza. Su
capacidad para crear el destino que le corresponde.
© Serval.
Rector de la Orden de Templos Operativos
Octubre de 2000
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