Esfera 1 "La
Corona" (Kether)
La enseñanza escrita más actualizada sobre este tema es la de Dion
Fortune, escrita por 1940. Hay mucho que actualizar y aplicar en los
tiempos actuales. Estamos en esa labor. Mientras lo escribimos, aquí está
el capítulo correspondiente de su libro "La Cábala Mística"
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KETHER, EL PRIMER SEPHIRAH
TITULO : Kether, la Corona, (Hebreo : Beth, Yod, Num, Hé)
IMAGEN MÁGICA : Un viejo Rey antiguo, visto de perfil.
SITUACIÓN EN EL ÁRBOL : A la cabeza del Pilar del Equilibrio, en el
Triángulo Supremo.
TEXTO YETZIRATICO : El Primer Sendero es el llamado Admirable o de la
Inteligencia Oculta, porque es la luz que da el poder de comprensión, del
Primer Principio, que no tiene comienzo; y es la Gloria Primordial, porque
ningún ser creado puede alcanzar su esencia.
TÍTULOS DADOS A KETHER : Existencia de existencias. El Secreto de los
secretos. El Antiguo de los antiguos. El Antiguo de los Días. El Punto
Primordial. El Punto dentro del Circulo. El Altísimo. El Rostro Inmenso.
La Cabeza Blanca. La Cabeza que no es. Macroposopos. Amén. Lux Oculta. Lux
Interna. El.
NOMBRE DIVINO : Eheieh
ARCÁNGEL : Metraton
ORDEN ANGÉLICO : Santos Seres Vivientes. Kjaioth ja Kadesh.
CHAKRA MUNDANO : Rashith ha Gilgalim. Primum Móbile. Primeros
estremecimientos.
EXPERIENCIA ESPIRITUAL : Unión con Dios
VIRTUD : Realización.
VICIO: --------
CORRESPONDENCIA EN EL MACROCOSMOS: El Cráneo. El Sha Yechidah. La Chispa
Divina. El Loto de Mil Pétalos.
SÍMBOLOS : La Corona. La Svástika.
CARTAS DEL TAROT : Los Cuatros Ases.
As de Bastos : La Raíz de los Poderes del Fuego.
As de Copas : La Raíz de los Poderes del Agua.
As de Espadas: La Raíz de los Poderes del Aire.
As de Oros : La Raíz de los Poderes de la Tierra.
COLOR EN ATZILUTH : Brillantez
" BRIAH : Brillantez blanca Purísima
" YETZIRAH : Brillantez blanca Purísima
" ASSIAH : Blanco, moteado de Oro.
Kether, la Corona, está colocada a la Cabeza del Pilar del Medio, el
Equilibrio; y más allá de El están los Velos Negativos de la Existencia.
Ya hemos escrito algo con respecto al uso de estos Velos Negativos como
fondo para el Pensamiento, de manera que no haremos repeticiones inútiles
sobre este punto, aunque sí recordaremos al lector que Kether, Primer
Manifestado, representa la cristalización primaria de la manifestación, de
aquello que antes era inmanifiesto, y por lo tanto, incognoscible para
nosotros. Respecto a la raíz de la que surge Kether no sabemos nada pero
sí podemos saber algo respecto a Kether mismo. En nuestro actual estado de
desenvolvimiento podrá ser para nosotros el Gran Desconocido, pero no es
el Gran Incognoscible. La mente del mago puede abarcarlo en sus visiones
más elevadas. Según nuestro propia experiencia, en la operación conocida
como ascenso a través de los planos, que consiste en elevar la conciencia
por el Pilar del Medio, mediante la concentración sobre los sucesivos
símbolos y los Senderos, en ocasión en que logramos alcanzar sus
fronteras, Kether se nos apareció como una Luz blanca enceguecedora, en la
cual quedó aniquilado todo pensamiento.
En Kether no hay forma, sino ser puro. Podríamos decir que es una
latencia sólo un grado más acá de la no existencia. Estos conceptos tienen
que ser necesariamente vagos y no estamos capacitamos para darle la
nitidez que debieran tener, pero es suficientemente que reconozcamos
grados de devenir, y que la cruda diferenciación y el Ser y el No Ser no
representan los hechos. Con la existencia manifestada aparecen los pares
opuestos; pero en Kether mismo no hay semejante división, manifestándose
recién cuando se produce la emanación de Chokmah y Binah.
Por consiguiente, Kether es uno, y existía antes de que hubiera ningún
reflejo de sí mismo para servirle de imagen en la conciencia y establecer
así una polaridad. Debemos creer que trasciende todas las leyes conocidas
de la manifestaciones al existir por sí solo sin reacción alguna. Cuando
hablamos de Kether debemos recordar que no queremos significar una persona
sino un estado de existencia; y ese estado de substancia existente debe
haber sido completamente inerte, un puro ser hasta que comenzó la
actividad cuya enamación fue Chokmah.
En la mente humana, que no conoce ningún otro modo de existencia que el
de la forma y de la actividad, tiene la mayor dificultad en lograr un
concepto adecuado de un estado absolutamente informe, de pasividad, que,
sin embargo, es muy distinto del no ser. No obstante, hay que hacer el
esfuerzo si queremos comprender la filosofía cósmica en sus fundamentos.
No podemos poner los velos de la Existencia Negativa ante Kether, porque
nos condenaríamos a una perpetua dualidad insoluble. Dios y el Demonio
lucharán siempre en nuestro Cosmos, y su conflicto no tendrá fin. Debemos
acostumbrar la mente a que conciba un estado que sea puramente existencia,
sin atributos ni actividades. Podemos pensar en que es una Luz Blanca,
enceguecedora, sin diferenciarse en los múltiples rayos del prisma de la
forma. O podemos pensar en la obscuridad del espacio interestelar en que
no hay nada, y que, sin embargo, es la potencialidad de todas las cosas.
Estos símbolos, en los que puede reposar el ojo interior, ayudan mucho a
comprender a Kether, mucho más que todas las definiciones filosóficas que
pueden hacerse. No podemos definir a Kether: sólo podemos referirnos a su
existencia.
Encierra continuas sorpresas y aclara muchos conceptos el
descubrimiento de los extraordinarios significados que contiene la tabla
de correspondencias y la manera en que van guiando la mente de un concepto
a otro. El Primer Sephirah se llama la Corona, no la Cabeza. Ahora bien,
la Corona es algo que se pone sobre la cabeza, lo que indica que Kether es
de nuestro Cosmos, pero no está en él. También encontramos su
correspondencia microcósmica en el Loto de Mil Pétalos, el chakra
Sahasrara (Sajasrara), que se encuentra en el aura, inmediatamente por
encima de la cabeza. Esto nos enseña claramente que la esencia espiritual
más interna que todas las cosas, sea en el ser humano o en el mundo, no
está nunca en plena manifestación, sino que permanece en su centro
formando la raíz de donde brotan todas las cosas, y perteneciendo, en
realidad, a una dimensión distinta, a un orden de cosas diferentes. Este
concepto de diferentes tipos de existencia es fundamental para la
Filosofía Esotérica y hay que tenerlo siempre presente al considerar los
reinos invisibles del mago u ocultismo práctico.
En la Filosofía Vedanta, Kether equivaldría, indudablemente, a
Parabrahman, Chokmah a Brahma y Binah a Mulaprakriti. En los demás grandes
sistemas del pensamiento humano, Kether equivale al concepto Primario de
Padre de todos los Dioses. Si gracias a Ellos surgió el Universo en el
espacio, entonces Kether es Dios del Cielo. Si surgió del Agua entonces
Kether es el Océano Primordial. En relación con Kether encontramos siempre
el sentido de lo amorfo e infinito. Los Dioses de Kether son terribles y
son los que devoran a sus propios hijos, porque Kether, aunque es el Padre
de todos, reabsorbe el Universo en sí mismo al final de cada época de la
Evolución.
Kether es el Abismo de donde todo ha surgido y al cual volverá al final
de su época. Por lo tanto, en todos los mitos exotéricos relacionados con
Kether, encontramos implícito la idea de no existencia. Sin embargo,
esotéricamente comprendemos que ese concepto es erróneo. Kether es la
forma de existencia más intensa, puro ser, no limitada ni por la forma ni
por la acción, pero es una existencia de otra clase a la que estamos
habituados, y por tanto nos parece no existencia, ya que no se conforma a
ninguno de los requisitos que estamos acostumbrados a pensar como
determinadores de la existencia. Este concepto de otros modos de
existencia está implícito en nuestra filosofía y hay que tenerlo siempre
bien presente, porque es la clave de Kether, el cual, a su vez, es la
clave del Árbol de la Vida.
El texto yetzirático descriptivo de Kether, como todos los dichos del
Sepher Yetzirah, es oculto. Llama a Kether "La Inteligencia Oculta",
denominación que confirma los demás títulos dados a Kether en la
literatura cabalística. Es el Arcano de los Arcanos, la Altura
inescrutable, la Cabeza que no es. Aquí encontramos la confirmación de la
idea de que la Corona está por encima de la Cabeza del Hombre Celestial
Adam Kadmon y que el ser puro está tras toda manifestación y no es
absorbido por ella, sino que él emite y proyecta de sí. De la misma manera
que nosotros nos expresamos en obra, así también Kether se expresa en la
manifestación. Pero tal como las obras del ser humano no constituyen su
personalidad, sino que son la expresión de su actividad natural,
igualmente ocurre con Kether: su existencia no está manifestada, pero es
la causa de la manifestación.
II
Hasta esta hemos considerado a Kether en Atziluth, esto es su esencia
primaria; ahora, en cambio, debemos considerar a Kether tal como aparece
en los otros tres reinos que determinan los cabalistas.
Cada reino o plano de manifestación tiene su forma primaria. Por
ejemplo, la materia con toda propiedad es primariamente eléctrica, cosa
que es expresada por los esoteristas con el subplano etérico que está tras
los cuatro planos elementales: Tierra, Aire, Fuego y Agua. En otras
palabras, los cuatro estados de la materia densa: sólido, líquido, gaseoso
y etérico.
Los cabalistas piensan que el Árbol existe en cada uno de los cuatro
reinos: Atziluth, Espíritu Puro; Briah la Mente Arquetípica; Yetzirah, la
Conciencia imaginativa astral, y Assiah, el Mundo Material, incluyendo sus
aspectos denso y sutil. Las operaciones de las fuerzas de cada Sephirah se
representan en cada mundo bajo la presidencia de un nombre Divino o
Palabra de poder y estas palabras dan las claves de las operaciones del
ocultismo práctico en los distintos planos. El nombre Divino representa la
acción de Sephirah en el mundo de Atziluth espíritu puro. Cuando el
ocultista invoca las fuerzas de un Sephirah, por medio del Nombre Divino,
es que desea ponerse en contacto con su esencia más abstracta, que está
buscando el principio espiritual que anima ese modo de manifestación
particular. Es una máxima del ocultismo blanco que toda operación debe
comenzar con la Invocación del Nombre Divino de la Esfera en que se va a
hacerse la operación, lo que asegura que la operación misma estará en
armonía con las leyes cósmicas. No hay que descuidar absolutamente el
equilibrio de las fuerzas naturales; ya que es esencial para la seguridad
del mago conducir sus operaciones de acuerdo con dichas leyes y, por
tanto, tiene que comprender los principios espirituales implícitos en cada
problema para obrar acordemente. De consiguiente, toda operación debe
tener su unificación o resolución final en Eheieh, nombre Divino de Kether
en Atziluth.
La fórmula de toda invocación de divinidad reside en el nombre de
Eheieh, esto es, la afirmación del ser puro, Eterno e Inmutable, sin
atributos o actividades, que todo lo sustenta y mantiene. Sólo cuando la
mente está impregnada con la realización de este Ser Infinito e Inmutable,
con intensa concentración puede lograr la realización del Poder ilimitado.
Toda energía que se derive de cualquier otra fuente es limitada y parcial;
únicamente en Kether se encuentra la fuente pura de toda energía. Las
operaciones del mago que tratan de concentrar la energía y todas las
operaciones que tengan ese objetivo deben comenzar con Kether, porque allí
se encuentra la fuerza surgente del Gran Inmanifestado oculto tras los
Velos de la Existencia Negativa, de donde procede todo poder.
Si extraemos poder de cualquier esfera especializada de la naturaleza
es como si estuviéramos robando a uno para dar a otro; ese poder ha venido
de alguna parte para ir a otra. De manera que ha de ser liquidado al
final. He aquí la razón por la que se dice que el mago paga con
sufrimiento lo que obtiene por medio de su arte. Esto es verdad si sus
operaciones se realizan en cualquiera de la esferas inferiores de la
naturaleza. Mas si se inician en Kether de Atziluth, entonces toman
fuerzas no manifestadas y las pone en manifestación, con lo que aumenta
los recursos del universo, y siempre que pueda mantener las fuerzas en
equilibrio no se producirá ninguna reacción exterior ni compensación por
medio de sufrimiento a causa de sus poderes mágicos.
Este punto es de grandísima importancia práctica, porque a los
estudiantes se le ha enseñado que los Tres Supremos, Kether, Chokmah y
Binah, están fuera del alcance de toda obra práctica, mientras estamos
encarnados. En verdad, se hallan fuera del alcance de la mera conciencia
cerebral, pero son la base esencial de todos los cálculos mágicos, y si no
operamos con dicha base no tenemos realmente una fundación cósmica, sino
que nos ponemos entre el Cielo y la Tierra y no encontraremos lugar alguno
de reposo ni de seguridad, teniendo que mantener continuamente la tensión
mágica que sostiene vivas las formas astrales.
La gran diferencia entre la Ciencia Cristiana y sus formas más vulgares
de Nuevo Pensamiento y Autosugestión es que aquélla comienza todas sus
operaciones con la Vida Divina, y por más irracionales que sean sus
tentativas para crear un sistema de filosofía, sus métodos son
empíricamente sanos. El ocultista, y especialmente el que practica la
magia ceremonial, si no ha sido debidamente instruido en esta disciplina,
suele comenzar sus operaciones sin vincularlas con las leyes cósmicas o
los principios espirituales. Por consiguiente, las imágenes astrales que
forma, son como cuerpos extraños dentro del organismo del Hombre Celestial
o Macrocosmos, y entonces todas las fuerzas de la Naturaleza se dirigen
espontáneamente a eliminar esa substancia extraña, para restablecer el
equilibrio normal de las tensiones. La Naturaleza lucha contra el mago con
uñas y dientes y, por lo tanto, todo aquel que ha recurrido a la magia no
consagrada no puede deponer jamás la espada, sino que tiene que estar
continuamente a la defensiva para conservar lo que haya adquirido. Pero el
Adepto que inicia su obra en el Kether de Atziluth, es decir, en el
principio espiritual, y opera de arriba abajo para irlo expresando en los
distintos planos de la forma, emplea un poder extraído de lo Inmanifestado
con ese objeto; ha hecho de su operación una parte intrínseca de los
procesos cósmicos y entonces la Naturaleza trabaja con él, en vez de
contra él.
No podemos esperar entender la Naturaleza de Kether en Atziluth, pero
sí podemos abrir nuestra conciencia a su influencia, y ésta es sumamente
poderosa y nos da una extraña sensación de Eternidad y de Inmortalidad.
Podemos saber cuánto ha sido efectiva la invocación de Eheieh en su
purísima efulgencia nívea, porque nos encontraremos realizando nosotros
mismos la completa convicción de nuestra impermanencia e insignificancia
en los planos de la forma y la suprema importancia de la Vida Única que lo
condiciona todo como la arcilla en las manos del alfarero.
La meditación sobre Kether nos proporciona una realización intuitiva de
que el resultado de una operación no importa en lo más mínimo, "Que el
sucio juegue con las cosas sucias si le agrada lo sucio". Una vez que
hemos logrado esa realización adquirimos el dominio sobre las imágenes
astrales y podemos hacer con ellas lo que nos plazca. Sólo cuando el
operador pierde todo interés personal en el resultado de la operación en
el plano físico es cuando adquiere este completo dominio sobre las
imágenes astrales. Sólo le interesa el manejo de las fuerzas y el ponerlas
en manifestación por medio de la forma pero no se preocupa por la forma
que dichas fuerzas puedan asumir ultérrimamente; eso queda librado a ellas
mismas, porque seguramente asumirán la forma que esté en consonancia con
su naturaleza, respondiendo así perfectamente a las leyes cósmicas,
mientras que probablemente no ocurrirá así si el operador quisiera
ajustarlas a un modelo determinado, de acuerdo con sus limitados
conocimientos. Esta es la verdadera clave de todas las operaciones,
mágicas, y su única justificación, porque no debemos alterar el Universo
para ajustarlo a nuestras conveniencias personales. Sólo tenemos
justificación cuando trabajamos deliberadamente con la gran marea de la
vida evolucionante, con objeto de llegar a la plenitud de esa misma vida,
sea cual fuere la experiencia que resulte de esa manifestación. "Yo he
venido para que tengáis más vida y que la tengáis más abundante, dijo el
Señor. Y ésa debe ser la regla del Mago. La vida, y sólo la Vida, debe ser
su palabra de poder, y no las manifestaciones especializadas de la misma
como Sabiduría, Poder o Amor.
Los que han seguido atentamente estas páginas, punto por punto, estarán
en condiciones ahora de vislumbrar algún significado en las críticas
palabras del texto Yetzirático atribuido a Kether. Las palabras
"Inteligencia Oculta" sugieren la naturaleza inmanifestada de la
existencia de Kether, lo que es confirmado con el aserto de que "ningún
ser creado puede alcanzar su esencia”, esto es, ningún ser que utilice
como vehículo de conciencia cualquier organismo de los planos de la forma.
Sin embargo, cuando la conciencia ha sido exaltada hasta el punto en que
puede trascender el pensamiento, recibe de la "Gloria Primordial" el poder
de comprender el "Primer Principio", o, en otras palabras "Entonces
comprenderemos de la misma manera que somos comprendidos".
III
Eheieh, Yo Soy el que Soy, ser puro, es el Nombre Divino de Kether, y
su imagen mágica es la de un antiguo rey, con barba, visto de perfil. El
Zohar dice de este antiguo rey barbudo que es todo lado derecho. Nunca
vemos toda la imagen mágica de Kether, su plena faz completa, sino sólo
parcialmente. Hay un aspecto que debe siempre quedar oculto, como el lado
oculto de la Luna. Este lado de Kether es el lado que está hacia lo
Inmanifestado y que la naturaleza misma de nuestra conciencia manifestada
nos impide comprender, debiendo quedar siempre como un libro sellado para
nosotros. Pero aceptando esta limitación podemos contemplar el aspecto de
Kether, el perfil del antiguo rey con barba que se nos presente, reflejado
hacia abajo, hacia la forma.
Antiguo y anciano es este rey, el Anciano de los Ancianos, el Anciano
de los Días, porque El era desde el principio, cuando el rostro no
contemplaba rostro alguno. Es un rey, porque rige todas las cosas de
acuerdo con su voluntad suprema e indisputada. En otras palabras, la
naturaleza de Kether es la que condiciona todas las cosas, porque todas
las cosas han surgido de El. Tiene barba, porque, de acuerdo con el
curiosísimo simbolismo de los rabbis cada pelo de su barba tiene un
significado.
La manifestación de las fuerzas de Kether en Briah, el Mundo de la
Mente Arquetípica, se dice que se efectúa por medio del Arcángel Metatron,
el Príncipe de las Faces, a quien la tradición le adjudica el papel de
instructor de Moisés. El Sepher Yetzirah dice del Décimo Sendero, Malkuth,
que "hace que una influencia fluya del Príncipe de las Faces, el Arcángel
de Kether, siendo la fuente de iluminación de todas las luces del
Universo". Así, pues, vemos claramente que no solamente el espíritu fluye
hacia la manifestación externa en la materia, sino que la materia misma,
con su propia energía, atrae el espíritu a la manifestación, punto
importantísimo para todo aquel que practica la magia, porque le enseña que
está justificado en sus operaciones y que no es necesario que el ser
humano espere las palabra del SEÑOR, sino que puede invocarlo para que El
le escuche.
Los Ángeles de Kether, que operan en el mundo Yetzirático, son las
Kjaioth ja Kadesh, las Santas Criaturas Vivas y su nombre lleva la mente a
la visión del Carro Flamígero de Ezekiel y las Cuatro Santas Criaturas
ante el Trono. El hecho de que los cuatro Ases del Tarot, asignados a
Kether, sean considerados como la representación de los cuatro elementos,
Tierra, Aire, Fuego y Agua, confirma igualmente esta asociación. Podemos,
pues, considerar a Kether como la fuente primaria de los elementos. Este
concepto aclara muchas dificultades metafísicas y ocultas que se
presentarían si limitáramos su operación al Mundo Astral y consideráramos
a los elementales apenas algo mejor que diablos, como parecen hacerlo
ciertas escuelas de pensamiento trascendental.
Toda la cuestión de los Ángeles, archons y elementales es a la vez muy
importante y difícil, porque sus aplicaciones prácticas en la magia son
inmediatas. El pensamiento cristiano puede tolerar con cierto esfuerzo la
idea de los arcángeles, pero los espíritus auxiliares, los mensajeros que
son llamas del fuego y los constructores divinos son por completo extraños
a su teología. Sólo Dios, y en un instante, hizo los cielos y la tierra.
El Gran Arquitecto del Universo es al mismo tiempo el albañil. La Ciencia
Esotérica piensa muy diferentemente; el iniciado conoce las legiones de
seres espirituales que son agentes de la Voluntad Divina y vehículos de su
actividad creadora. Es por intermedio de todos ellos y por gracia del
Arcángel dirigente, que obra Dios. Pero no se puede conjurar a ningún
Arcángel mediante encanto alguno, por potente que sea. Más bien deberíamos
decir que cuando estamos efectuando una operación en la Esfera de un
Sephirah particular, el Arcángel opera a través nuestro para realizar Su
misión . El arte del mago, por lo tanto, consiste en alinearse con la
Fuerza Cósmica para que la operación que desea llevar a cabo se produzca
como parte integrante de la operación de las actividades cósmicas. Si se
ha purificado y dedicado sinceramente, así ocurrirá con todos sus deseos;
y si no lo está, no es un adepto y su palabra no es un Verbo del Poder.
Es interesante notar que en el Mundo de Assiah, el título de la Esfera
de Kether es: "Rashith ha Gigalim", o primeros remolinos, evidenciándose
así que los rabinos conocían la teoría nebular antes de que la ciencia la
descubriera por medio del telescopio. La forma en que los antiguos
dedujeron los hechos básicos por medios puramente intuitivos y empleando
el sistema de las correspondencias, muchos siglos antes de la invención y
perfeccionamiento de los instrumentos de precisión que permitieron al
hombre moderno hacer iguales descubrimientos por otros medios, es una
cuestión que tiene que dejar perplejo a todo aquel que estudie la
filosofía sin fanatismo.
Como arriba es abajo. El microcosmos corresponde al macrocosmos, y, por
tanto, tenemos que buscar a Kether en el ser humano, sobre la cabeza que
resplandece en una luminosidad blanquísima en Adam Kadmon, el Hombre
Celestial. Los rabbis los llamaban Yechidah, la Chispa Divina; los
egipcios, Sah, y los indostanos, Loto de Mil Pétalos. No obstante la
diversidad de nombres, todos ellos encierran la misma idea: el núcleo de
Espíritu que emana, pero que no mora en los planos de la forma, en sus
múltiples manifestaciones.
Se dice que, mientras estemos encarnados, jamás podremos elevarnos
hasta la conciencia de Kether en Atziluth, y retener intacto el vehículo
físico hasta que regresemos. Así como Enoch caminó con Dios y desapareció,
así también el ser humano que alcanzara la visión de Kether se desvanece,
en lo relativo al vehículo que se servía de encarnación. Esto se explica
fácilmente, si nos damos cuenta de que no podemos penetrar en una
modalidad de conciencia si no reproducimos esta modalidad en nosotros
mismos; de igual manera que la música nada significa ni representa si el
corazón no canta al unísono con ella. De consiguiente, si reproducimos en
nosotros ese modo de ser que no tiene forma ni actividad es evidente que
nos libraremos automáticamente de toda forma y actividad. Si logramos esa
realización, aquello que mantenía la forma merced a ese modo de
conciencia, desaparece, y la forma retorna a sus elementos. Una vez
disuelta, no puede volver a formarse al retornar a la conciencia. Por
tanto, cuando aspiramos a alcanzar la visión de Kether en Atziluth,
debemos estar preparados para penetrar en la Luz y no salir nunca más de
ella.
Esto no significa que el Nirvana sea la aniquilación, como algunos de
los traductores de la Filosofía Oriental han enseñado erróneamente a los
estudiantes europeos, sino que implica un cambio completo de modo o
dimensión. Aquello que seremos cuando estemos al mismo nivel de las Santas
Criaturas Vivientes, es cosa que no sabemos, porque ninguno de los que
lograron la visión de Kether en Atziluth ha vuelto para decírnoslo. No
obstante, la tradición nos declara que hubo quienes lo lograron, y que
están íntimamente interesados en la evolución de la humanidad, siendo los
prototipos de los superhombres de quienes hablan las tradiciones de todas
las razas, tradiciones que, desgraciadamente, en los últimos años, han
sido envilecidas por las enseñanzas seudo ocultas. Sea lo que fueren estos
seres, puede decirse con seguridad que no tienen forma astral, ni
personalidad humana, sino que son como llamas en el Gran Fuego que es
Dios. El estado del alma que ha alcanzado el Nirvana puede ser comparado
con el de una rueda que hubiera perdido la llanta y cuyos rayos penetran e
interpenetran toda la creación; un centro de irradiación a cuya influencia
no se le puede poner límite alguno salvo el de su propio dinamismo, y que
siempre mantiene su identidad como núcleo de energía.
La experiencia espiritual atribuída a Kether es la unión con Dios. Este
es el fin y el objeto de toda experiencia mística, y si buscamos cualquier
otro, somos como aquellos que construyen una casa en el mundo de las
ilusiones. Todo lo que puede detener al místico en su recto camino hacia
la meta, le produce la impresión de un grillete, de una cadena que debe
ser rota de inmediato. Todo cuanto sujeta la conciencia a la forma, todos
los deseos que no sean ese único deseo, son males para él y, desde ese
punto de vista, tiene sobrada razón; si obrase de otra manera, invalidaría
toda su técnica.
Esta no es la única prueba que el místico tiene que afrontar. Se le
exige que satisfaga las exigencias de los planos de la forma ante de
quedar libre para retirarse y escapar de ellos. Existe un sendero
siniestro que conduce a Kether: el Kether de los Qliphoth, que es el Reino
del Caos. Si holla prematuramente el Sendero Místico, es allí donde irá, y
no al Reino de la Luz. Para el ser humano que se siente inclinado
naturalmente al sendero místico la disciplina del cuerpo y de la forma le
repugna; y una de las tentaciones más sutiles, es abandonar la lucha en la
vida de las formas que se resiste a su dominio, y retirarse a través de
los planos antes de haber pasado por el nadir y haber aprendido allí las
lecciones que debía aprender.
La forma es la matriz donde se encierra la conciencia fluídica hasta
adquirir una organización a prueba de toda dispersión, hasta convertirse
en una núcleo indestructible de la individualidad diferenciada, extraída
del mar amorfo del Ser puro. Si la matriz se rompe prematuramente, antes
de que la conciencia fluídica se haya formado como un sistema organizado
de tensiones, estereotipado por la repetición, la conciencia se retrae
nuevamente a lo amórfico, de la misma manera que la arcilla vuelve al
barro original si se la saca prematuramente del molde, antes de que haya
tenido tiempo de fraguar. Si existe un místico cuyo misticismo produce
incapacidad mundana, o cualquier forma de disociación de la conciencia,
entonces podemos decir que el molde se ha roto prematuramente; será
necesario que vuelva a la disciplina de la forma, hasta que haya aprendido
la lección y su conciencia haya alcanzado una organización coherente y
cohesiva, que ni el Nirvana mismo pueda destruir. Que parta leña y acarree
agua para el servicio del Templo si lo desea, pero no profane el lugar
santo con sus patologías y su falta de madurez.
La Realización es la virtud a Kether, el completamiento de la Gran
Obra, para usar un término extraído de la Alquimia. Sin completamiento no
puede haber realización, y sin ésta no hay completamiento. Las buenas
intenciones pesan poco en la escala de la justicia cósmica, pues somos
reconocidos por el completamiento de nuestra obra. Es verdad que tenemos
toda la eternidad para completarla, pero debemos hacerlo hasta el Yod
final. No hay misericordia alguna en la justicia perfecta, salvo la que
nos permite probar una y otra vez.
Kether, contemplado desde el punto de vista de la forma, es la corona
del Reino del Olvido. A menos que realicemos la naturaleza vital de la Luz
Blanca Pura, sentiremos poca tentación de luchar por esta corona que no
pertenece en absoluto a este orden de ser; y si logramos esta realización,
entonces estaremos libres de todas las limitaciones de la manifestación, y
podremos hablar a todas las formas como quien realmente tiene autoridad
para hacerlo. |