De "Apercepciones sobre la Iniciación", René Guénon
De eso resulta que, en lo que concierne
a la iniciación, la simple comunicación con los estados superiores no
puede ser considerada como un fin, sino solo como un punto de partida: si
esta comunicación debe ser establecida primeramente por la acción de una
influencia espiritual, es para permitir después una toma de posesión
efectiva de esos estados, y no simplemente, como en el orden religioso,
para hacer descender sobre el ser una «gracia» que le liga a ellos de una
cierta manera, pero sin hacerle penetrar en ellos.
Para expresarlo de una manera que será quizás más
fácilmente comprehensible, diremos que, si por ejemplo alguien puede
entrar en relación con los ángeles, sin dejar por eso de estar encerrado
en su condición de individuo humano, por eso no estará más avanzado desde
el punto de vista iniciático ; aquí no se trata de comunicar con otros
seres que están en un estado «angélico», sino de alcanzar y de realizar
uno mismo un tal estado supraindividual, no, bien entendido, en tanto que
individuo humano, lo que sería evidente-mente absurdo, sino en tanto que
el ser que se manifiesta como individuo humano en un cierto estado, tiene
también en él las posibilidades de todos los demás estados.
Por consiguiente, toda realización
iniciática es esencial y puramente «interior», al contrario de esa «salida
de sí» que constituye el «éxtasis» en el sentido propio y etimológico de
esta palabra ; y esa es, no ciertamente la única diferencia, pero al menos
sí una de las grandes diferencias que existen entre los estados místicos,
que pertenecen enteramente al dominio religioso, y los estados iniciáticos.
En efecto, es a eso a lo que es menester volver siempre en definitiva, ya
que la confusión del punto de vista iniciático con el punto de vista
místico, cuyo carácter particularmente insidioso hemos tenido que subrayar
desde el comienzo, tiene la naturaleza de confundir a algunos espíritus
que no se dejarían atrapar en las deformaciones más groseras de las
pseudoiniciaciones modernas, y que incluso podrían quizás llegar a
comprender sin demasiada dificultad lo que es verdaderamente la iniciación,
si no encontraran en su camino estos errores sutiles que bien parecen
estar pues-tos ahí expresamente para desviarles de una tal comprehensión.
Ver "El
Sendero de la Iniciación".
El Tarot y la Iniciación
El Zohar afirma que «el mundo no subsiste sino por el
secreto», y en esta aseveración puede encontrarse una de las claves de la
metodología esotérica, un territorio de laberintos simétricos cuya entrada
no se rinde más que a las alusiones. Esta concepción del conocimiento que
desconfía de las exactitudes ha engendrado no sólo la gramática plural del
simbolismo sino una sintaxis basada en períodos concéntricos, imposibles
de ser saltados, e intransferibles como no sea por la experiencia
personal. Esta sintaxis esotérica, es el proceso iniciático.
Los esotéricos llaman concretamente trabajo a este
proceso, que supone un entrenamiento metódico e interminable, ya que
cumplida la iniciación propiamente dicha se abren ante el iniciado
numerosas disciplinas o sistemas reflexivos, cuya sutileza ayudará a la
madurez y ampliación constante de su pensamiento analógico -conocimiento
opuesto por naturaleza a la operación análisis/ síntesis que caracteriza
al pensamiento científico, - cuando no a la realización personal, y hasta
al trabajo que esa realización esté llamada a cumplir dentro de la
economía universal . Este habría sido el sentido disciplinario de las
operaciones cabalísticas y astrológicas, y parece encontrárselo resumido
-según Levy, posteriormente, OIRT- en el alfabeto simbólico de los
veintidós Arcanos Mayores del Tarot. «La psicología actual
-dice Juan-Eduardo Cirlot (Diccionario de Símbolos)- reconoce que las
cartas del Tarot son, como lo han probado Éliphas Lévi, Marc Haven y
Oswald Wirth, una imagen del camino de la iniciación y similares a los
sueños. De otro lado, Jung coincide con las seculares intuiciones del
Tarot al reconocer dos batallas diversas, pero complementarias, en la vida
del hombre: a) contra los demás (vía solar), por la situación y la
profesión; b) contra sí mismo (vía lunar), en el proceso de individuación.
Estas dos vías corresponden a la reflexión y a la intuición, a la razón
práctica y a la razón pura. El temperamento lunar crea primero, luego
estudia y comprueba lo que ya sabía; el solar, estudia primero y luego
produce. Corresponden estas vías también, hasta cierto punto, a los
conceptos de introversión (lunar) y extraversión (solar); a contemplación
y acción.». Jung también prologa el I Ching de Richard
Wilhelm en el Libro de las Mutaciones, donde se recoge este poema dedicado
de Jorge Luis Borges “Para una versión del I King”: El
porvenir es tan irrevocable
Como el rígido ayer. No hay una cosa
Que no sea una letra silenciosa
De la eterna escritura indescifrable
Cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
Es la senda futura y recorrida.
El rigor ha tejido la madeja
No te arredres. La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro,
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas esta Dios, que acecha. En general,
puede decirse que la iniciación reconoce dos vías de acceso al
conocimiento, que se definen habitualmente como Seca y Húmeda, y cuyas
correspondencias principales serían:
-
Vía seca: Solar, Masculina. Racional. Conocimiento
deductivo. Extraversión. Orden dórico.
-
Vía húmeda: Lunar, Femenina. Intuitiva.
Conocimiento inductivo. Introversión. Orden jónico.
Se cae, sin embargo, en un error de interpretación, apenas
se pretende jerarquizar una de estas vías en detrimento de la otra. Si el
razonamiento tiende a hacerlo, es sólo por lo complejo que resulta superar
el dualismo de orden moral que rige las convenciones aceptadas (lo
contrario de lo bueno debe ser forzosamente lo malo, de lo blanco lo
negro; juicio que se extiende a toda dupla de opuestos). Para el
pensamiento esotérico no existe bien ni mal desde el punto de vista de
estos presupuestos éticos, sino una dinámica permanente de oposiciones
dialécticas, según la cual el día es una necesidad de la noche, así como
la caída es una necesidad del ascenso, etc. De modo que si bien se puede
intentar una definición de las dos vías expuestas, a través de la fórmula
seca = activa
húmeda = pasiva Ninguno de estos dos últimos términos puede
interpretarse peyorativamente, sino como complementarios de una totalidad
que desborda las capacidades individuales.
Julia Tellearini El
M. Serval puede enseñarte profundamente el significado completo del libro
iniciático del Tarot.
Ver "El Sendero de la Iniciación".
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