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La Devoción

Devoveo, devovere, devotum es el verbo del que deriva la palabra devoción. Es un compuesto del verbo voveo, vovere, votum, del que proviene la palabra voto. Es decir que históricamente es el voto la materia prima de toda devoción. Un voto es un acto religioso proveniente de las religiones más antiguas: era una promesa hecha a los dioses; y por extensión, la ofrenda de lo que se había prometido. La devotio era probablemente la afición a los votos, la inclinación a recurrir a los dioses, a rogarles y prometerles para conseguir lo que uno desea o necesita. En tal caso el prefijo de, estaría aportando al concepto del voto la intensidad o la repetición. No parece que los romanos hubiesen extendido el significado de esta palabra al ámbito profano de admiración, respeto, amor, cariño, adhesión incondicional que se siente por una persona. De todos modos es posible que esta palabra fuese más antigua aún que los dioses romanos: entre los significados de devotio están los de encantamiento y sortilegio (así la emplean Suetonio y Tácito, precisamente en plural: devotiones), y los de maldición e imprecación.

Asimismo, el verbo devoto, devotare, devotatum, se usa en especial con los sentidos de maldecir, imprecar, embrujar, someter a encantamientos. Esto induce a pensar que la devoción y aún más las devociones formarían parte de un pasado que fue superado por otros valores y actitudes como la pietas y la sanctitas. Es verosímil que la relegación de estos términos por los romanos, obedezcan a las mismas razones por las que las religiones vigentes tienen muy poco apego a las formas religiosas populares (no oficiales), que proceden de prácticas religiosas muy antiguas, que al no haber podido ser erradicadas, se han tolerado intentando despojarlas de los aspectos más profanos.

El catálogo de las devociones es inacabable, al menos tan extenso como el de santos, cada uno con su especialidad, con prácticas y creencias que están más cerca de la superstición que de la religión; pero sin duda dentro del ámbito propio de la devoción, y del tráfico de votos y promesas que caracteriza a todas las devociones, y sostenido todo ello en una fe intensa e irreductible. Son valores que vienen transmitiéndose de generación en generación, tan respetables como los transmitidos por los cauces "oficiales".