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El Ciclo Dinámico

("La Corona" es "El Reino" de lo Inmanifestado)

La enseñanza escrita más actualizada sobre este tema es la de Dion Fortune, escrita por 1940. Hay

Toda la Creación y toda creación se desarrolla poniendo en acción cuatro principios o ciclos. En las lecciones del "Curso de Expresión Espiritual" que enviamos gratuitamente al os alumnos de los Grupos de Metafísica Aplicada, lo explico. Si quieres recibir este curso gratis, clica aquí.

De este curso copio estos párrafos.

CICLO DINÁMICO

 El esoterismo plantea que todo el Cosmos está estructurado sobre la base de un ciclo esencial que consta de cuatro etapas, y que se presentan en todo cuanto existe. Este ciclo refleja la forma como la creación fue hecha.

 Este ciclo llamado “dinámico”, ya que su acción permite la expresión de todo cuanto existe, consta de cuatro etapas, a saber:

a)        Elemento o principio activo. Es aquella parte que impulsa, mueve a la acción, inicia el proceso dinámico. También se le llama principio masculino, haciendo una analogía con la labor que cumple un hombre en la relación de la pareja y, más específicamente, en la procreación.

b)        Elemento o principio receptivo. Es aquella parte sobre la cual actúa el elemento anterior. Es lo que retiene al energía del principio activo, para evitar que se disperse y así pueda dar origen a algo concreto. También se le llama principio femenino como analogía al rol que cumple la mujer en la fecundación.

c)         Elemento o principio neutro. Es el producto de la acción de los anteriores. Es el resultado de la energía masculina captada o aprehendida por el principio femenino. Por esta razón se le asocia al producto de la fecundación y es así como también se le  llama el hijo.

d)        Elemento o principio de transición. Este es aquél que surge como producto de la acción combinada de los tres que le anteceden, pero en una dimensión cualitativamente distinta; es como si diera un salto como en un helicoide (un resorte). Por esta razón, si bien la transición aparece pasiva en un comienzo, puede fácilmente transformarse en un elemento activo de un nuevo ciclo, y así proseguir con esta cadena de cambios cada vez en una mayor escala o evolución. De acuerdo a las asociaciones analógicas, en la que los otros elementos se asocian al padre, la madre y el hijo, a este principio le corresponde la idea de familia.

Resumiendo, tenemos que el Universo está estructurado sobre la  base de ciclos periódicos, constantes y que se suceden uno tras otro formando parte de un helicoide. Estos ciclos están constituidos de cuatro elementos básicos que interactúan dentro de un orden establecido y duradero.

EL CICLO DINAMICO Y LAS ESTACIONES DEL AÑO

En base a esta enseñanza, cree este ciclo de trabajo personal con respecto a las metas y objetivos personales. Se aplica especialmente a los países de clima templado donde están bien marcadas las cuatro estaciones del año: Primavera, Verano, Otoño e Invierno. 

Al ser universal el ciclo dinámico, puede ser aplicado a la naturaleza en relación con las diferentes estaciones que tiene nuestro planeta (especialmente marcado en las zonas templadas, como señalamos) al circundar el Sol. De esta forma tenemos:

 Principio Activo: Primavera. Esta comienza con el equinoccio de igual nombre. En esta estación la naturaleza florece, se exterioriza, actúa con fuerza para expresarse.

 Principio Receptivo: Verano. Comienza con el solsticio respectivo. Los brotes, flores y semillas exteriorizados en primavera siguen creciendo en forma más o menos pasiva, es decir, gracias al influjo de la luz, el calor del sol y el agua se desarrollan los frutos. Eso sí es necesario estar alerta para a regar convenientemente y desmalezar.

 Principio Neutro: Otoño. Se inicia con el equinoccio respectivo. Esta es época de cosecha. Los frutos que germinaron en forma de brotes y flores en primavera y crecieron en verano, alcanzan su apogeo y maduran. Es el resultado de las dos etapas anteriores.

 Principio de Transición: invierno. Comienza con el respectivo solsticio. Época en que todo parece morir. Sin embargo, es momento de siembra. La vida está latente en el seno de la Tierra en forma de semilla, creciendo inadvertidamente desde el exterior y esperando expresarse en la primavera venidera.

 

El ser humano, desde tiempos inmemoriales, ha observado cambios cíclicos en la naturaleza y los ha relacionado con la proximidad o lejanía del Sol. Testimonio de esto son los distintos cultos, manifestaciones religiosas e iniciáticas, de las cuales claros ejemplos son: Eleusis en Grecia, Misterios de Ceres en Asia, las construcciones de Stonehenge en Inglaterra, dólmenes y menhires en distintas zonas de Europa y Asia, etc.

Las escuelas de Iniciación de occidente han heredado este rico conocimiento del pasado y también celebran las distintas fases del ciclo dinámico en la naturaleza y el ser humano, en los solsticios y equinoccios.

 TRABAJO PERSONAL

 Si hemos de considerar que el ciclo dinámico es un hecho universal, entonces en la misma forma que lo asociamos a las etapas que se dan en la naturaleza, así también podemos hacerlo con el desenvolvimiento y desarrollo del ser humano.

Cada uno de nosotros posee un invierno, primavera, verano y otoño, que puede estar directamente conectado con las estaciones que se dan en el ambiente, o bien se puede dar en forma independiente.

Sea como sea, cada etapa dará paso a la otra y así sucesivamente en el orden establecido. Y según hemos visto en la lección anterior, cada uno de nosotros es un oscilador y nos podemos acoplar a un ritmo cósmico y planetario, por el mismo que pasa nuestra madre Tierra a través de las estaciones del año. Con esto hacemos más fuerte y poderosa la resonancia con la gran energía universal, lo que traerá como consecuencia un mayor desarrollo y evolución personal.

Estas son las razones que nos impulsan a recomendar que realices las siguientes actividades en las estaciones del año correspondientes.

 INVIERNO

Esta es la época de siembra y tal cual lo hace el agricultor, procuremos escoger la semilla o semillas a sembrar. Esto es análogo a decir: pensemos en los objetivos personales para su germinación, crecimiento y maduración en las etapas posteriores.

Al igual que en la naturaleza, en donde la semilla en invierno descansa latente en el fondo de la Tierra sin que se evidencie, pero que no signifique que no esté activa; debemos sembrar en lo profundo de nuestra mente subconsciente la semilla de los objetivos que queremos lograr en el futuro.

 Al igual que hace el agricultor, antes de sembrar debemos preparar el terreno, y posteriormente introducir la simiente que ha de exteriorizarse en primavera. Esto significa que debemos preparar nuestra mente apartando toda idea o sentimiento negativo (maleza) con respecto a los objetivos que pretendemos sembrar. En otras palabras, es una predisposición positiva con respecto al trabajo a realizar.

 Una vez que ya hemos preparado el terreno, debemos comenzar a sembrar los objetivos para nuestra próxima cosecha. Para hacer esto debemos echar mano de las técnicas de visualización e introspección. Es decir, previo aquietamiento y relajación sicofísica, volcarnos a nuestro interior para conocernos mejor y visualizar que alcanzamos los objetivos propuestos. Esta visualización se debe hacer en forma constante y así se podrá introducir en la mente subconsciente la semilla de los frutos que queremos producir. Es necesario visualizarse actuando y logrando el objetivo, para lo cual es conveniente hacer una lista de las metas que se quieren lograr en el próximo período, estipuladas lo más claramente posible. Al visualizarse logrando el objetivo, véase actuando, como si ya lo hubiera conseguido.

 PRIMAVERA

Como resultado de las continuas visualizaciones de siembra en invierno, en primavera se comienza a exteriorizar la ruta para conseguir dichos objetivos. En este período es necesario comenzar a actuar en concordancia a las metas y planes propuestos.

Debemos aprovechar que el medio ambiente está saturado de esta energía de exteriorización, para así colgarnos de este impulso y actuar. De esta forma es mucho más fácil romper la inercia característica de los proyectos cuando se echan a funcionar.

Al llegar a este paso recordemos a los pájaros. Ellos no se detienen a pensar si podrán volar o no. Una vez que están preparados para salir de su nido, simplemente se lanzan al aire y comienzan a aletear. A través de la acción, del movimiento, sacan la fuerza necesaria para mantenerse en el vuelo y el aire les sirve de sustento. De igual forma, una vez llegada esta etapa ya no podemos detenernos a pensar en el posible fracaso de nuestra empresa, sino que simplemente queda actuar para lograr su éxito.

 VERANO

Época de desmalezar y regar. Se debe hacer un alto en la expresión activa que caracteriza a la etapa anterior, para hacer una revisión de la marcha de los propósitos a fin de verificar qué obstáculos  pudieran presentarse; si hay objetivos que se estén dando en forma contrapuesta; si van o no por la dirección deseada. Se deben reconocer y eliminar los obstáculos que han surgido y los pensamientos y actitudes negativas o derrotistas.

Por ello te recomendamos que: ¡Revises la marcha de tus objetivos! Reafirma las acciones que van en el camino hacia las metas  rectifica las equivocadas. De la misma forma, elimina los obstáculos y las disposiciones negativas.

 OTOÑO

Época de cosecha y recolección. Obtenemos el resultado de nuestro trabajo. Cosechamos los frutos que hemos logrado, aquellos que no se dieron y los que se pasmaron. Procede en esta etapa la evaluación de nuestra labor. Para ello es conveniente que se coteje la lista de objetivos o propósitos sembrados en el invierno y ver cuáles se lograron y cuáles no.

Por qué se lograron y por qué no, hasta qué punto se lograron, etc. Una vez que se ha hecho esto, está en condiciones de replantear los no logrados, o plantear otros nuevos para un nuevo ciclo.